lunes, 5 de octubre de 2009

Ignacio Miranda y Ema Albornoz: Guardaparques unidos por la naturaleza




Juntos en el santuario de la naturaleza laguna El Peral dan vida a un sueño: hacer de este espacio un motivo de orgullos para todos en el Litoral Central


Pocas veces se puede encontrar a un matrimonio en que ambos integrantes comparten la misma pasión por el trabajo.

Es que una cosa es el hogar y otra es la labor que realizan día a día para surgir, pero qué pasa en este caso donde ambas actividades se comparten entre los dos integrantes de la pareja.

Además con el mismo cariño de siempre.

Podría decirse que es el trabajo ideal y por lo mismo daría hasta sana envidia, si es que en algún momento la envidia puede ser sana.

Eso es lo que le sucede a Ignacio Miranda y Ema Rosa Albornoz, guardaparques encargados de la administración del santuario de la naturaleza laguna El Peral en la comuna de El Tabo, administrado por la Corporación Nacional Forestal.

Casados hace 19 años, crearon su hogar siempre en contacto con la naturaleza.

¿Cómo es eso?


Claro, pues Ignacio ha sido desde los 18 años guardaparque, iniciándose en el Parque Nacional La Campana, en Olmué, oportunidad en la que conoció de cerca la labor de conservación de nuestro entorno más preciado.

Igualmente de Olmué es Ema Rosa.


Posteriormente surgió la opción de traslado de Ignacio al santuario El Peral y decidieron emprender este nuevo camino juntos.Se conocieron y formaron una familia.

Y así han completado 13 años en este reservorio de la naturaleza en plena comuna de El Tabo y a un costado de la ruta que une a todo el litoral de la provincia de San Antonio.

Ema Rosa Albornoz es una de las tres mujeres guardaparques de la región y una de las 16 en Chile, por lo que esta semana fue invitada especial en representación de la zona a la conmemoración del Día Nacional del Guardaparques que se realizó en el Parque Nacional Río Clarillo, ubicado en la precordillera de la Región Metropolitana.


Comienzo
“Es un tremendo orgullo para mi el haber representado a la Quinta Región. Es un reconocimiento a la labor de la mujer, que es complicada, mucho más de lo que se cree. Nosotros en cierto sentido somos privilegiados porque somos matrimonio con Ignacio y vivimos insertos en un medio natural cerca de zonas urbanas, a diferencia de otros compañeros que deben cuidar zonas alejadas de lugares habitados”, señala.

“Cuando llegamos aquí nos dimos cuenta que había mucho por hacer”, señala Ignacio Miranda, al hacer referencia a lo que acontecía con la laguna El Peral 13 años atrás.

Basura por todos lados, personas que no respetaban el ambiente, destrucción y un descuido generalizado, era el panorama que se encontró este matrimonio al llegar a la zona.

Pero gracias a un trabajo prolijo y con mucho entusiasmo, han logrado sacar este proyecto a delante y hoy luce mejores condiciones de infraestructura, 600 metros de senderos aptos para el tránsito de adultos y menores todo el año, además de un aumento constante en las visitas.

Si en 1997 se totalizaron 3.500 personas como ingresadas al recinto, este año esa cifra se empina por sobre las 13 mil, lo que es motivo de orgullo para este matrimonio.

¿Qué cambió?

Ema señala que la comunidad comprendió el verdadero sentido de este lugar. “A través de las charlas que hemos realizado en colegios de la provincia se ha podido informar a los más pequeños sobre lo que significa el cuidado de la naturaleza y de las especies que se pueden encontrar en este espacio, que si bien es pequeño, tiene condiciones que no se encuentran fácilmente”.

“Efectivamente –indica Ignacio- aquí el visitante puede apreciar especies de aves con una gran facilidad, por lo que se puede desarrollar sin problemas el turismo ornitológico (observación de aves). Eso es algo que no se realizaba antes y que ha tenido una muy buena aceptación. Aquí recibimos personas con conocimientos y otras que no manejan el tema y se muestran muy contentos de encontrarse en el Litoral Central con un lugar con este. Lamentablemente también nos hemos encontrado con que mucha gente de la provincia desconoce la existencia de este santuario de la naturaleza a pesar de que está muy a la mano”.

¿Esa es una parte del desconocimiento, hay otras en que se aprecie ese problema?

Responde Ignacio Miranda: Sí, es curioso que al vernos con nuestros uniformes la gente piense que somos de Gendarmería, o guardias de seguridad. En esos casos le indicamos que somos guardaparques y no saben el trabajo que realizamos”.

Por su parte Ema también sostiene este punto. “la ciudadanía no nos reconoce como los funcionarios que tiene el Estado para el cuidado de los recursos naturales, la que es una labor no menor”.

Avances

Y al caminar por los senderos del santuario en compañía de estos amantes de la naturaleza se aprecia fácilmente el amor con el que desarrollan su trabajo.

En detalles como un árbol recientemente plantado, en señaléticas recién construidas, en miradores especialmente dispuestos.

Todo se ha hecho con cariño y con la esperanza de que la comunidad y los visitantes sepan apreciarlo.

Y así ha sido en el último tiempo, algo que llena de satisfacción a estos funcionarios. “Con una buena administración y la llegada de recursos se dio un impulso a la infraestructura del lugar. Por ejemplo, se construyó un cierre perimetral ya que muchas personas usaban este espacio como su patio trasero. Hubo algunas críticas al comienzo por parte de los vecinos, pero al ver lo que se ha realizado ellos mismos han valorado el trabajo”, aseveró Miranda.

¿Cómo se las arreglan como matrimonio en este trabajo?

Pregunta para Ema.

“Bueno, como todo matrimonio en general. La diferencia es que al tener la casa en el mismo lugar del trabajo y al desarrollar ambos labores en el mismo santuario, estamos siempre juntos. Nos vemos todo el día. Además esto nos gusta, tenemos el entusiasmo en trabajar en medio de la naturaleza, en levantarnos cada mañana con el ánimo de hacer cosas por el bien del santuario y eso nos ha enriquecido. Eso es lo bueno. Muchos nos dicen: qué envidia tu trabajo. Pero yo les pregunto a ellos ¿estarían dispuestos a dejar la ciudad en que viven por estar todo el año aquí y preocuparse de los más mínimos detalles? Ahí lo piensan mejor”.

“Lo que sucede es que nosotros llevamos mucho tiempo en esto; desde antes que nos casáramos y sabemos con es este trabajo. Todos los días hay algo que hacer, aunque no lleguen visitantes, hay que preocuparse de la administración, de las charlas con los colegios, de recibir una delegación, etc.”

En el mismo sentido, Ignacio dijo que “claro, lo interesante además es que siempre uno aprende algo nuevo. También es algo variable, no siempre hago lo mismo. Un día puedo estar arreglando un cerco, mejorando un sendero y al otro debo asistir a un reunión con la plana ejecutiva de Conaf, preparando un presupuesto o analizando un proyecto”.

¿El futuro, cómo lo ven?

“Con entusiasmo –asevera Miranda- queremos hacer más cosas para los visitantes, que sientan la satisfacción de estar en contacto con la naturaleza en un lugar agradable. Recientemente ganamos un proyecto para dotar de internet a una oficina de consultas que estará abierta al público. En fin, tenemos muchas cosas por hacer; además, nos enamoramos de la zona, así es que tenemos para rato aquí”.

“Claro que sí –enfatiza Ema Albornoz- hemos hecho tantas cosas que queremos verlas en funcionamiento. Además, hemos estudiado, lo que es bueno porque Conaf está en permanente capacitación de los funcionarios y eso además motiva. Creo que eso me ha permitido conocer muy bien esta zona, hay un tremendo potencial en lugares escondidos muy hermosos que

lamentablemente se desconocen; hay sorpresas que espero que algún día puedan ser conocidas por todos”.


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