martes, 15 de septiembre de 2009

Coaniquem necesita su colaboración: Es tiempo de ayudar


La Corporación Nacional de Ayuda al Niño Quemado iniciará una campaña para captar más socios colaboradores en la provincia de San Antónimo, justamente la zona de la región donde hay mayor cantidad de menores en tratamiento


Elizabeth Alarcón recorre con frecuencia las calles de San Antonio en busca de colaboración. Toca las puertas de las casas y de oficinas de nuestra ciudad y en algunas se encuentra con malas caras, con poco ánimo y a veces con indiferencia.

El asunto es que Elizabeth no solicita ayuda para sí misma, ella es la única recaudadora de aportes de socios de la Corporación Nacional de Ayuda al Niño Quemado –Coaniquem-, activa en la provincia como tal, tiene la responsabilidad de reunir recursos para la institución de salud, gestionar actividades de información y captar nuevos socios, entre otros.

No es una labor menor, si se considera que se realizan en horarios que se quita a su familia y casi sin recibir una remuneración a cambio, más que lo básico para solventar la movilización.

Entonces, encontrarse con personas que se molestan cada vez que ella aparece, le hace replantearse esta situación. “Es molesto tener que andar tocando puertas para pedir colaboración. Si la gente supiera realmente la labor que realiza Coaniquem sería distinto, pero falta para ello”.

Para combatir esa falta de información y para dar a conocer la amplia labor que realiza la organización en todo el país –no sólo en San Antonio, es que la entidad ha organizado para octubre una campaña para conseguir más aportes de sanantoninos y a la vez informar a los apoderados de colegios básicos y jardines infantiles, los riesgos de quemaduras al interior de los hogares.

Franco Lara tiene 2 años y nueve meses y el 35% de su cuerpo quemado. Hace un año, una tetera con agua hirviendo cayó sobre su cuerpo, en su casa en Valdivia. "Lo trasladaron de urgencia a Santiago y estuvo tres semanas en coma", cuenta su mamá, Margareth Valdivia. Desde entonces ha estado en rehabilitación y sus heridas han mejorado notablemente. "No pensé que podría llegar a quedar como está ahora", confiesa Margareth, quien cada vez que viene a Santiago con Franco se hospedan en Casabierta, un edificio de 32 habitaciones creado en 1996 para albergar, sin costo, a niños y padres que vienen de regiones o el extranjero.

"Aquí nos juntamos con otras mamás en las noches a conversar y estar pendiente del avance de todos los niños. Es como una familia grande".

Casabierta también cuenta con un colegio hospitalario, con clases hasta 4º medio y una malla curricular especial. "La idea es que los niños no pierdan su escolaridad mientras están internados en rehabilitación", explica el doctor Rojas.

Brian Guzmán (12), oriundo de Melipilla, asiste con frecuencia y sin dificultad en su silla de ruedas a las amplias salas del colegio: tiene quemaduras en sus dos piernas que le impiden caminar por el momento. Sin embargo, su ánimo no decae y alegremente posa para las fotos. "Aquí lo pasó bien y me entretengo con los otros niños".

Entre clases, y como la mayoría de los demás pacientes, asiste a terapias ocupacionales, kinesiología, musicoterapia y apoyo psicológico, entre otros.

Trabajo

Pilar Llugany Rigo-Righi, coordinadora regional de la fundación, dio a conocer a El Líder, el amplio trabajo que se realiza en el tratamiento de los niños quemados y la necesidad de contar con apoyos para solventar esta labor.

“En la provincia de San Antonio porque es donde tenemos el más alto índices de niños quemados de la región. Es algo que nos preocupa porque desgraciadamente no bajan los números, pese a toda la gestión que se ha realizado. El 93 por ciento de los niños se accidenta antes de los 5 años y de ese porcentaje el 90% es dentro de las casas, Por lo tanto, lo que se busca es atacar esto en varios frentes. El primero es informar a las madres. Nos gustaría que los jardines infantiles y las escuelas trabajen esta problemática con los apoderados a través de charlas de prevención que damos en forma gratuita, en el horario que nos planteen los colegios interesados, pues lo que nos interesa es que el niño no se queme”, señaló.

El tratamiento de los menores implica altos costos, debido a que el niño está en crecimiento y el injerto de piel no lo hace, por lo que se debe estar en permanentes controles.

“Es una atención permanente y en San Antonio se atiende a 334 niños, a quienes se les realizan controles cada año y medio a dos años. Es una atención permanente con costos enormes y si consideramos bajan nuestros montos que se reciben por recaudación, vemos que la situación de complica”, asevera Llugany.

Pero ¿por qué ocurre esto?

“Primero porque la gente que se hizo socio hace 3 años donando mil pesos, sigue entregando esa misma cantidad en circunstancias que todos los insumos han subido, y por le mismo dinero podemos adquirir menos implementos. El tratamiento para un menor quemado -desde los especialistas hasta los detalles como movilización y estada en los hospitales- tiene un costo elevado.

No es que la gente se nos vaya, están los mismos. Levamos 30 años en esta labor y tenemos colaboradores que están mucho tiempo como socios nuestros. Hay gente que nos da 300 pesos, porque quizás en su momento 300 pesos era una cifra importante, pero como este aporte es voluntario, depende de ellos tener la voluntad de aumentarlos”.

La coordinadora de Coaniquem explicó que otro punto de la campaña –además de la información y los socios- tiene que ver con la colaboración del comercio local.

Se trata de una manera muy simple, sólo con permitir en sus locales una alcancía donde los clientes puedan depositar algunas monedas del vuelto.

“La empresa Ambrosoli nos donó 40 alcancías que se pueden ubicar en establecimientos comerciales. Queremos ponernos las pilas y hacer más presencia para que la gente se de cuenta de lo que implica ayudar en la rehabilitación de un niño que ha sido quemado”, sostuvo.

Sistema de salud

La representante de Coaniquem también puso énfasis en otro aspecto y es que los sistemas de salud público y privados no se hacen cargo de la rehabilitación de los menores que hayan sufrido una quemadura importante.

“Los centros de salud nunca toman la rehabilitación del menor. Nosotros actuamos una vez que salen del hospital tras estabilizarlos de la deshidratación y de la infección que provocan las quemaduras. Los sistemas de salud tanto privados como públicos no cubren la rehabilitación que implica tratar los injertos porque eso está considerado como cirugía estética. Imagínese lo que sería para un sistema de salud tener que estar tratando a las personas cada año o año y medio, o en casos graves donde se deben realizar cuatro operaciones al año; entonces, nunca vamos a tener ayuda ni de Plan Auge ni de servicios de salud. Eso es lo que nos preocupa, pero en el fondo es la razón de ser de Coaniquem”.

Agregó que “la rehabilitación dura años y no se puede postergar. Si un niño de Puerto Montt se atiende en Santiago y tiene que ir a una curación en una fecha determinada, tiene que hacerlo porque de lo contrario se atrasa todo. Hay estudios que indican hasta cuándo se puede estirar la piel, entonces si un niño no va a un control, no sólo se atrasa sino que retrocede en forma importante. Coaniquem debe colaborar con el traslado del adulto que viene a cargo del menor y financiar la estada en la capital. Entonces, te reitero, hay montos importantes que la gente desconoce. Sí contamos con el aporte de algunas empresas, pero hay que dejar en claro que el apoyo de los socios es valiosísimo”.

Poco compromiso

Lo que resulta llamativo en el trabajo de la Fundación Coaniquem es lo que Llugany resaltó como poco compromiso de parte de los padres de los menores accidentados. Y explicó que “En ninguna parte de Chile nosotros logramos que los padres de niños que se ha quemado por cualquier medio, nos colaboren. Es una cosa extraordinaria. Al principio, cuando el niño se accidenta, los padres dicen: yo hago lo que sea para salir adelante. Pero eso con suerte dura el primer año, después no se da el mismo interés.

Pedimos ayuda para las colectas, para actividades especiales como la venta de tarjetas, pero no pasa nada. Hace poco en Viña del Mar pedimos colaboración; enviamos más de 718 solicitudes y sólo nos respondieron 4. Ese nivel de poco compromiso tenemos. Entonces, tenemos que andar pidiendo. Y la gente no entiende que a los niños hay que tratarlos hasta que dejan de crecer”.

Y no sólo a los niños, sino también a sus padres, por cuanto ellos se sienten culpables de lo sucedido con los pequeños.

“A los menores se lo trata en forma especial, pues cuando regresan a sus colegios, nuevamente deben enfrentar los cuestionamientos por el accidente sucedido. Muchos quedan con secuelas visibles y eso les cambia la vida. Deben convivir con ello y es difícil de asumir. Además los padres tienen un sentimiento de culpabilidad debido a lo ocurrido. Los niños no se queman porque sí, pasa porque uno de nosotros no estuvo ahí, o simplemente hubo mala suerte. Pero el accidente ya fue y debe asumirse. Coaniquem tiene especialistas que trabajan con los padres y la familia en general, para asumir las circunstancias.

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