lunes, 5 de abril de 2010

Testigos de la catástrofe y de la esperanza


Si bien ha pasado casi un mes de la tragedia que azotó a gran parte del país, hay testimonios que evidencian la fuerza de la naturaleza, pero a la vez dan cuenta de la solidaridad de los chilenos en los momentos de mayor dolor

Cristian Pezoa y Nancy Pereira tenían muchos planes para disfrutar de unos cuantos días de descanso en la localidad de Cauquenes, en la VII Región.

Había trabajado duro durante el año y a finales de febrero pensaban que ya era hora de tener unos momentos para ellos, para compartir con la familia y para “cambiar el slip” del día a día en el trabajo.

Por eso se prepararon con tiempo.

Aquel viernes 26 de febrero trabajaron con normalidad, terminaron a tiempo, arreglaron sus cosas en su auto… Todo listo y dispuesto y a eso de las 20 horas emprendieron rumbo al sur por la Carretera de la Fruta.

Fue un viaje tranquilo -como el que muchas veces habían realizado- y como a las 12.45 de la noche llegaron a su destino.

Tranquilamente saludaron a sus familiares, bajaron sus cosas, se acomodaron y compartieron anécdotas mientras veían una de las últimas noches del Festival de Viña.

A eso de las 3 de la mañana el cansancio pudo más y decidieron irse a la cama para entregarse a los “brazos de Morfeo”.

Estaban en eso, apenas unos minutos pensando en el panorama del día después mientras cerraban los ojos, cuando la tierra empezó a temblar.

Cada vez con más fuerza.

¡Terremoto! Dijeron

Y cada uno de los familiares buscó el lugar más seguro para pasar ese momento. Unos bajaron del segundo piso buscando la salida mientras las cosas caían con un ruido estrepitoso,

Otros quedaron en sus habitaciones a la espera que todo pase.

Destrucción.

¿Qué pasó? ¿Qué hacer? Fue lo primero que se les vino a la mente, mientras se enteraban de lo que había sucedido en Cauquenes. ¿Cómo estarán las hijas en San Antonio? Fue otro motivo de preocupación.

Por lo pronto, Cristian y Nancy comprobaron que ellos y sus familiares estaban bien, luego vendría lo demás.

Con las primeras luces del día comprobaron la destrucción del barrio, más tarde en un recorrido pudieron comprobar la fuerza destructora del sismo.

“Literalmente Cauquenes quedó en el suelo –cuenta Cristian- Hay muchas casas antiguas de adobe que se vinieron abajo, escombros por todos lados, gente gritando, pidiendo auxilio, autos acelerados de un lado para otro… Un caos total. Fue terrible vivir en esas circunstancias el terremoto. Nadie sabía qué hacer. Lo primero, ver si estábamos bien, luego, tratar de rescatar algunas cosas de la casa”.

Su esposa Nancy Pereira dice “fue una cosa tremenda, todo en el suelo. Además el miedo de la gente se sentía. Después fue peor porque empezaron a llegar las personas que estaban de vacaciones en Peyuhue y Curanipe, se formaron largas filas en las bencineras. Todos querían cargar bencina e irse de inmediato. Contaban que se había salido el mar, que había muchos muertos… No lo podíamos creer. En realidad no podíamos entender lo que había pasado, eran las primeras noticias que teníamos de lo ocurrido. Nosotros teníamos pensado ir ese mismo sábado a Pelluhue. Nos dijeron que el lugar donde teníamos reservaciones, ya no existía, que se lo había llevado el mar. Todo nuestro panorama se vino abajo en un par de horas”.

La desesperación de la gente fue lo más impactante. “Los autos iban de un lugar a otro. La gente se agolpaba en las estaciones de servicios, en los supermercados y en las panaderías. Había una desesperación tremenda. Pánico en realidad. Todo se veía agravado al ver la cantidad de construcciones en el suelo. Edificios importantes de Cauquenes estaban con tremendos daños. La municipalidad, el cine, correo, mercado, hospital, todo en el suelo”, dice Cristian.

Lugar para la solidaridad

En medio de todo este desastre cerca del epicentro del terremoto, también hubo espacio para la solidaridad, para el reencuentro con los vecinos, para tender una mano.

“Después del terremoto se escuchaban gritos de personas que habían quedado atrapadas en sus casa, no podían salir. Otros aplastados por los muros. La gente salió a las calles y de inmediato se puso a ayudar, a ver qué podían hacer. En medio de todo eso, funcionarios de bomberos, Carabineros y de la PDI recorrían las calles tranquilizando a la gente e informando de lo ocurrido. En ese sentido, fue muy importante su ayuda. A mi me tocó saber de personas que quedaron atrapadas en sus casas y hubo que ayudarlas”, cuenta Cristian.

Nancy por su parte señala. “Mi hermana tiene un almacén y como no había servicios básicos, regaló y repartió a la gente parte importante de la mercadería. Se tenía que hacer eso porque había personas que no tenía nada. Nos tuvimos que dar ánimo y coraje entre nosotros, más aún cuando siguió temblando toda la noche y el día sábado. También en la noche andaba personal de Gendarmería buscando a los presos que se habían escapado de la cárcel de Parral, fue una noche terrible”.

“En medio de esas oscuridad hubo muchas muestras de unión. Vecinos que no se conocían cobijaban a otros, se ayudaban para ver qué se podía hacer. Hubo solidaridad” contó Cristian Pezoa.

Con la tranquilidad que dan los días después de la tragedia, Nancy Pereira se toma las cosas con humor. “Habíamos planificado tanto esos días de descanso. Pero esto no significa que mi marido me saca a pasear sólo para los temblores (ríe con ganas). Esto nos tocó justo nomás. Fue mala suerte”.

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