martes, 20 de abril de 2010

El eterno dolor de cabeza de la locomoción colectiva


Empresarios y choferes de micros en San Antonio sufren con los importantes gastos que periódicamente deben realizar para mantener las máquinas en condiciones adecuadas para prestar sus servicios


Es habitual conocer las críticas que se le realiza a la locomoción colectiva de San Antonio.

Que hay micros viejas, que no se encuentran en buenas condiciones, que los choferes no respetan a los pasajeros, que no cumplen los recorridos y un largo etc.

Pero esta vez nos queremos adentrar en un problema no tratado y que cada cierto tiempo genera una serie de importantes gastos económicos para los empresarios sanantoninos y es el dolor de cabeza de los conductores de micro.

Nos referimos a los destrozos y los actos de verdadero vandalismo que sufren las máquinas a manos de grupos de personas –jóvenes y otros no tanto- que entretienen durante los viajes destrozando y rayando asientos y ventanas.

Prácticamente no hay micro que se salve de estos hechos provocados por los propios pasajeros. No importa si es nueva o vieja, si tiene los asientos recién tapizados o ya tienen sus años, el asunto que es habitual encontrarse con rayados de tipo amorosos o nombres de aquellos que decidieron dejar su mensaje en ese momento. Para qué decir de los equipos favoritos, pareciera que los fanáticos de Colo Colo o de la Universidad de Chile también tiene su espacio de disputa en las micros locales.

A lo anterior hay que sumar esos tag o especie de firmas que utilizando un instrumento punzante se dejan en las ventanas.

En San Antonio, como al igual que en el resto del país, las micros se han transformado en un lienzo donde se escriben las más variadas declaraciones: desde amorosas hasta sociales.

Pero como hemos abordado en ocasiones anteriores, no sólo las micros son las que sufren sino también los paraderos, las señaléticas del tránsito y lamentablemente, los colegios.

Es moda o una forma de marcas su territorio. Lo cierto es que han pasado los años y este problema de mantiene. Hay raíces más profundas para su explicación, pero todas concuerdan en un punto: se trata de un tema de educación.

Verdadero problema

No es por estigmatizar a un grupo de personas de manera específica, pero las críticas apuntan a los escolares, quienes en grupo son usuarios de la locomoción colectiva local.

¿Qué puede hacer un chofer ante un grupo de 30 jóvenes con toda la energía?

Muy poco, lo que hace improbable que pueda controlar a aquellos que se dediquen a causar destrozos.

Eso bien lo sabe el presidente de la Asociación de Buses de San Antonio, Luis Hernández, para quien este tema es de muy difícil solución.

Nosotros hemos visto cómo los estudiantes rayan y destruyen los asientos, lo mismo que los vidrios. Lo que pasa es que casi siempre es lo mismo, rayan los espaldares de los asientos. El problema es que cuando uno va a la revisión técnica, no aceptan los parches en los asientos, hay que retapizar y son gastos importantes que muchas veces no están considerados por los empresarios”, señala.

Hay un punto importante donde el dirigente de los empresarios microbuseros de San Antonio hace un especial hincapié. “No le vamos a echar la culpa sólo a los escolares. No podemos decir eso, porque a veces se ven adultos que también causan destrozos. Es cierto que aumenta esta situación cuando comienza el año escolar, pero los jóvenes no son los únicos”.

¿Este es un tema que los complica?

Obvio que sí. Ud. sabe que la situación de la locomoción colectiva en la provincia no es de las mejores; además que la tarifa está a 200 pesos, imagínese el costo de la pana de una micro, así se complica más la cosa.

¿Hay ciertos sectores de la ciudad donde esto se agrava?

En todos los lugares es lo mismo. No vamos decir que todos los niños destruyen los asientos, sino que son sólo algunos que parece que los divierte el provocar destrozos ya sea en Llo Lleo o en Barrancas. En todos los lugares es por igual.

¿Qué pueden hacer los choferes?

La verdad que muy poco. Cuando el chofer va conduciendo no puede estar pendiente del comportamiento de los pasajeros; de ver si están rayando o causando destrozos.

¿Alguna vez algún pasajero ha hecho algo en esta situación?

No. Eso no se ha dado. Ni el pasajero les va a decir algo, porque hemos visto que muchos de los muchachos tienen un comportamiento que deja mucho que desear. Entonces es complicado que alguien se vaya a exponer a una reacción. Si pillan a un menor de edad haciendo un daño, no hay qué hacer. No podemos enviarlo detenido. A lo que apelamos es que las familias y los colegios pongan especial preocupación en este tema. Porque de ellos depende.

Aunque sea evidente, la educación es clave en este asunto…

Esto parte desde la familia. Los padres deben enseñarle a sus hijos que deben portarse bien en las micros, porque a la larga a todos nos sirve. La enseñanza manda en este sentido. Nos preocupamos de los escolares, que las micros salgan temprano para que los menores no lleguen atrasados a sus colegio. Siempre nos hemos preocupado de esto, por lo mismo esperamos que nos respondan de la misma manera y que se terminen estos daños.

¿Qué se le puede pedir a los jóvenes?

Que no hagan daño, porque a todos nos cuesta mantener las máquinas en buenas condiciones. Siempre hay reclamos por esto, pero la verdad es que es de muy difícil control, tendríamos que andar prácticamente con un cuidador arriba de cada micro.

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