martes, 25 de mayo de 2010

Unidad autónoma

La barcaza Valdivia es unidad autónoma en sí misma. Con una capacidad de carga de hasta 2.700 toneladas de combustible, puede recorrer de Valparaíso a Alaska sin repostar.
Este tipo de unidades representaba, al momento de su construcción, "lo más moderno" en diseño de unidades anfibias con capacidad de vararse. Es de la Clase Newport que se diferencia de las típicas unidades tipo LST por la forma de su proa, la cual le permite llegar a un andar aproximado de 20 nudos.
 Su rampa de proa –que es lo que llama más la atención al verla- , se desliza para crear un puente hacia la orilla y le permite embarcar y desembarcar tanto tropas como distintos tipos de vehículos, los cuales se pueden desplazar libremente entre la cubierta principal y la interior.
Debido a su forma especial, el buque  tiene la capacidad de embarcar y desembarcar vehículos anfibios, con el buque navegando.
Ya con 10 años al servicio en la Armada nacional, ha cumplido una valiosa labor.
Pero dentro de ella las diversas actividades para la dotación de 250 personas debe funcionar sin inconvenientes.
Areas de enfermería, de abastecimiento, de lavandería, sastrería, entre otras permiten que el buque pueda manejarse independientemente.
Uno de los aspectos fundamentales es la cocina, donde marinos especializados se encargan de preparar el rancho de acuerdo a especificaciones definidas hasta con un mes de anticipación.
Durante el día se realizan dos preparaciones lo que va basado en un menú mensual del cual se encarga el sargento primero Hugo Morales. En la Valdivia se preparan las raciones adecuadas para el personas y los visitantes especiales –civiles y militares- que periódicamente visitan la unidad, debido a las diversas funciones que realiza.
El cabo Víctor Gaete trabaja en la cocina. “Por lo general nuestro buque tiene bastante movimiento y hay que estar atentos a cumplir los requerimientos de la dotación en cuando a la alimentación. Preparamos de todo, desde cazuelas, hasta empanadas y cosas especiales, dependiendo de la ocasión. Cada persona tiene distintas labores y sabe lo que tiene que hacer de acuerdo a la planificación interna”.
Agregó que “aquí hay un solo menú que es igual para todos, desde el comandante hasta el último efectivo, obviamente hay algunas consideraciones especiales en cuanto a algunos regimenes de salud”.

Al buen pan

Dentro de un buque lo que no puede faltar es el pan. Imagínese cómo es el trabajo de la panadería cuando se encuentran en alta mar.
De eso sabe el maestro panadero sargento primero Miguel Ramírez. Junto a su ayudante prepara desde la tradicional hallulla, hasta tortas y masas dulces para las ocasiones especiales. “El pan de hace a bordo en todas las condiciones en que se encuentra el buque. Acá se confeccionan todas las masas que se consumen, hacemos hallulla, pan de molde, masas de pizzas, entre otras. En Talcahuano tuvimos que hacer cualquier cantidad de pan, para los efectivos de todas las unidades de la Armada en la zona, además para los buques en el sector. Tras la catástrofe lo que más requería era pan, diariamente con la ayuda de otras reparticiones hicimos aproximadamente 8 mil panes”.
En un día habitual se hacen 1.500 panes. El trabajo es lago, basta decir que el panadero se levanta a las 3.30 de la mañana para que a las 6 ya esté el pan listo para el desayuno. “La dotación tiene que disponer de su pan para el desayuno desde muy temprano, por eso junto al ayudando nos vamos turnando. Yo tengo 27 años en la marina y sé como es este trabajo, es largo, pero vale la pena por la experiencia”, indicó.

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