lunes, 17 de mayo de 2010

Madre y esposa de pescadores

La vida de Rosa Santis ha estado ligada al mar. Gran parte de su familia ha trabajado como pescadores. Posteriormente el hombre que eligió para casarse (José Orellana) también tenía su vida en el mar, primero como pescador y luego como patrón de lancha.
Así las cosas no fue nada de raro que sus hijos Leonardo y Gerardo decidieran encaminar sus pasos hacia los botes y mirar de frente al océano.
Cuenta que pasó muchos días sola debido al trabajo de su marido. Ella lo conoció así y lo aceptó, pero pasó noches con la preocupación constante de que algo pudiera pasar.
Transcurrieron los años, pero el miedo se mantuvo. El trabajo en el mar es peligroso, ella lo sabe, más de una vez se enteró de algún accidente, de una esposa que se queda sola, de familias separadas por el destino.
“Una como mamá está siempre alerta. Había días con temporales y ellos salían igual al trabajo. En cualquier momento podría pasar una tragedia. Mientras esté viva voy a pedir por mis hijos, una sigue siendo su mamá aunque tengan sus propias familias. Siempre voy a estar a su lado. Recuerdo que cuando eran pequeños salimos adelante gracias al trabajo del papá, pero cuesta asumirlo. Después vieron cómo era la pega, se interesaron en la labor y les gustó. Quizás hubiera esperado otra cosa, pero si ellos lo eligieron así, hay que estar ahí”, señala.
En su familia han pasado cosas que la hacen valorar la vida. “Tengo un hermano que es marino mercante y debido a su trabajo sale por varios meses. Una vez naufragó en Sudáfrica. Así es que imagínese la preocupación. Ahora tengo nietos y bisnietos, pero por lo visto ellos se dedicarán a otra cosa”.

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