jueves, 5 de noviembre de 2009

Helados para la sed y el calor


Una de las personas que está durante gran parte del año trabajando en el cementerio parroquial es Isolina Muñoz. Ella es inconfundible, pues está en su silla de ruedas con una heladera una bolsa para los envases de desecho.

Con una sonrisa señala que lleva casi 14 años en el trabajo de venta de helados. Y ha sido tan importante en su vida esta oportunidad de salir adelante que le ha permitido sobrellevar de buena manera los problemas físicos generados por una severa poliomielitis que la afectó cuando sólo tenía 5 meses de edad.

Con el apoyo de su marido salió adelante y formó una familia donde sus hijos Ramón y Fabián son sus principales orgullos. El primer es carabinero en Calama y el segundo, es deportista destacándose como arquero en el fútbol sanantonino.

Cuenta que “ojalá que haya buen tiempo porque con solcito se venden mejor lo helados. Hoy me trajo mi hijo. Vivo en la calle Los Españoles y nos venimos todas las mañanas para acá. Debido a que no puedo caminar, tengo que estar en mi silla de ruedas. Lo bueno es que mi marido y mis hijos me apoyan así es que saben que trabajo en estos y si así puedo conseguir una platita extra, qué mejor”.

En todo caso esta actividad le ha permitido ser más autovalente. “Claro, aquí hago mi plata y eso me tiene contenta. Ya tengo mi clientela fiel y este fin de semana me va muy bien. Siempre estoy aquí a la entrada del cementerio, sólo no vengo en los meses de invierno cuando los días son muy fríos o llueve. Ahí no puedo y me quedo en mi casa”.

Pero al ser consultada por el diario Isolina aprovecha la ocasión para referirse a otra de sus pasiones: el canto.

“Me gusta mucho cantar, mi especialidad son las canciones románticas como las de Miryam Hernández, Isabel Pantoja y Leo Dan. La gente me conoce y siempre que hay un beneficio para alguna persona, me piden que cante y yo lo hago gustosa. Me encanta ayudar en actividades solidarias”, dice.

Claro que todas estas ganas por cantar sufrieron un duro revés recientemente. “Sí, participé en un festival de la canción que se realizó en la escuela Poeta Pablo Neruda. Fui muy aplaudida, al público le gustó mucho como canté, fui la única que lo hizo con orquesta, a diferencia de otras participantes que utilizaron pistas. Pero eso el jurado no lo tomó en cuenta y no gané ningún reconocimiento”.

¿Pero Ud. sabe que esas son las reglas del juego?

Sí, pero da lata. Me bajoneé.

¿Y va seguir cantando?

Claro, eso no lo voy a dejar, insistiré si hay otro festival por ahí. Ah y seguiré con los helados aquí en el cementerio, más aún si el Día de Todos los Santos va a venir harta gente.

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