jueves, 27 de agosto de 2009

Las penas del goleador


Cuando don Enrique hacía goles soñaba con ser algún día un nuevo Leonel Sánchez o ponerse la roja de Chile como Eladio Rojas, Honorino Landa o Tito Fouillioux.

Claro que él los hacía en el campo, no en los estadios como los famosos goleadores del fútbol chileno de los años 60.

Pero no importaba, goles son amores en todos lados y para un goleador son su carta de presentación. Por eso los quieren tanto.

Si no, acuérdese como se peleaban al Chupete Suazo.

La cosa es que los sueños de don Enrique quedaron en el camino. La necesidad de trabajar en el campo para ayudar a su familia y más tarde las preocupaciones, dejaron que en el fútbol llegara hasta ahí.

El problema que vivió fue mucho más grave y tiene que ver con el vaso, el copete o simplemente el frasco. Su gusto por el alcohol lo llevó hasta el fondo, pero lo destacable y que sirve como ejemplo, es que supo levantarse y cambiar de un día para otro.

¿Cuándo comenzó a beber de más?

Humm, eso viene desde cuando uno era cabro. Creo que debí haber tenido como 13 años.

¿Cómo se inició?

Lo que pasa es que como era bueno para la pelota, me venían a buscar de todos lados. Yo jugaba porque me gustaba el fútbol y me invitaban. La cosa es que después de los partidos nos juntábamos a tomar cerveza para celebrar el triunfo o la derrota, como fuera, la cosa era compartir un rato. Y era entretenido. Uno conversaba con los más viejos y aceptaba nomás.

¿Me imagino que era el centro de atención por ser el mejor del equipo?

Sí, eso pasaba. Tómate un trago cabro, me decían. Y yo, tomaba poh. Vino, cerveza, pisco, me daba igual.

¿Ahí fue poniéndose negra la cosa?

Sí, después fue peor. Los fines de semana no paraba en la casa y lo pasaba curado. En la semana trabajaba y el sábado y domingo a las canchas. Yo pensaba que la estaba haciendo bien, pero no. Otras veces tomaba con los compañeros de trabajo después de la pega o con quien fuera por las tardes, la cosa era tomar… no tener sed ja,ja,ja.

¿Cuándo ya se salió de marco?

Creo que cuando me separé. Ahí ya me desbandé. Llegaba curado hasta el trabajo. No me importaba. O sea, sí me importaba, pero yo pensaba que no se daban cuenta, pero no era así.

¿Trataron de ayudarlo?

Sí, los jefes y los demás compañeros de trabajo. Me decían que parara, que la estaba embarrando… Pero uno les dice sí, sí…

¿Y se chantaba?

No, no. Uno escucha, pero no les hace caso.

¿Y en la casa?

Llegaba curado nomás. A veces me gastaba toda la plata del sueldo. Varias veces perdí mis documentos con toda la plata, llaves, etc. Le preguntaba a la vieja si le había pasado la plata y me decía: ¡cuándo si no me has pasado un peso! Ahí cachaba que no tenía plata.

Entonces no podía tomar…

No poh, si uno siempre se las arregla para tomar. Hay amigos o en los mismos locales le fían a uno. Pa’ eso tenía plata, pa’ pagar las cuentas. No ve que si uno no paga, no le dan trago.

Ya vemos que estaba mal, ¿cuándo decidió chantarse?

Una vez llegué a la casa hasta los ojos. Me porté mal con la patrona… Al otro día mi hijo me dijo que la había embarrado, pero yo no me acordaba de nada… o no quería acordarme. Luego se reunieron y me hablaron de que debía cambiar, de que estaba mal y que no podía seguir así. Me dijeron que tenía que hacerme un tratamiento.

¿Lo tenían conversado de antes?

Sí, ellos se preocuparon de todo, tenían pedida la hora y todo. Me negué al principio. Les dije que no iba a tomar más, pero en el fondo sabía que eso no iba a ser verdad. Al final, como para que no me lesearan más, les dije: ya, mañana vamos al hospital.

¿Así de rápido?

Sí, tomé la decisión de ir nomás. Hablamos con el doctor y me dijo lo que tenía que hacer. Estuve 15 días sin tomar y después me hice la cirugía para ponerme el pellet.

¿Fue muy difícil?

Ahora veo que no, pero en realidad es bien difícil dejar de tomar. Yo dije no tomo más y lo cumplí. Claro que el tratamiento ayuda, pero hay gente que se ha puesto la pastilla y sigue tomando. A mí me dio resultado.

Y le cambió la vida…

Al principio me costó, pero me acostumbré.

¿Ha logrado cosas?

Claro, hoy tengo mi casa como corresponde y hasta mi autito… ¿Ud. cree que tomando iba a poder tener eso? No poh. Estoy mejor con mi familia, tengo buenos amigos y no tengo ganas de tomar.

¿Aunque le ofrezcan?

Es que les digo que no nomás. No me ando escondiendo. Yo voy a un restorán y si hay gente tomando, no me hago problemas, pido una bebida. Hay algunos que se enojan que no tome, pero ya aprendí la lección.

¿Para nunca más?

Nunca más, ya estoy viejo pa’ eso.

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