miércoles, 26 de agosto de 2009

Comedores abiertos en San Antonio: Cuando la solidaridad pasa del dicho al hecho


Cada día personas como Ud. y como yo entregan su tiempo y dinero para servir a otros sin recibir nada a cambio. Ejemplos de servicio desinteresado a los demás ocurren durante la semana en forma anónima, no los vemos, pero están ahí cumpliendo una labor que gana importancia en una ciudad con altos índices de cesantía y pobreza

Es martes cerca del mediodía, Ricardo Muñoz llega a la

parroquia de San Antonio de Padua con su hijo Jesús, junto a él su señora Roxana lleva a su pequeña bebé Génesis en brazos. Ellos conforman una de las familias que diariamente reciben un almuerzo de parte de los voluntarios de la Fundación Sor Teresa de Calcuta, que utilizan las dependencias del tem plo sanantoninos para cumplir con una labor solidaria que es fundamental para decenas de personas en situación de calle, cesantes o sin los recursos necesarios para lograr su sustento diario.

Es jueves y el comedor de la parroquia de Llo Lleo está lleno de gente de todas las edades. Grandes y chicos, hombres y varones, jóvenes y viejos, son atendidos

por

voluntarios quienes les brindan un plato de almuerzo sin pedirles casi nada a cambio…sólo una pequeña colaboración de 100 pesos, como una forma de hacerlos

partícipes en el sustento diario.

La necesidad de alimentos por muchos sanantoninos es una situación que ha ido en aumento en el último tiempo. La cesantía, empleos ocasionales o enfermedades complicadas han provocado que cada vez sean más las personas que no pueden solventar un plato de comida al día. De eso, lo saben muy bie n las religiosas de Techo Fraterno, donde cada sábado entregan almuerzo a familias completas de la parte alta de Llo Lleo.

Tendencia


Mahia Saracostti, directora de la escuela de Trabajo Social de
la Universidad Andrés Bello, indicó que “El aumento de los comedores solidarios, las cajas de alimentos y de ollas comunes son soluciones obligadas para quienes ya no les alcanza el dinero para satisfacer sus necesidades básicas por su propia cuenta. Es la otra cara de la crisis económica, la cara más dura. Parroquias, fundaciones, universidades y organizaciones de diversa índole ayudan a personas que han perdido su fuente de ingresos, a los nuevos desempleados”.

“El número de comensales y beneficiarios de las organizaciones sin fines de lucro indudablemente ha aumentado junto al desempleo, al mismo que tiempo que la crisis económica ha llevado a los donantes a disminuir sus aportes en dinero, alimentos, remedios o vestuario. Las organizaciones privadas de beneficencia, entre enero y abril de este año ya atendieron a la misma cantidad de personas que en todo 2008 y han notado un aumento de hombres que piden asistencia social, especialmente desempleados de la construcción”.

“Lo interesante de estas organizaciones de Economía de la Solidaridad es que se potencian justamente por la fuerza de la solidaridad. Y, en este sentido, aunque para algunos parezca insólito, la solidaridad es una fuerza económica, un factor de alta eficiencia y productividad. En tiempos de crisis económica las personas se reorganizan en función a tareas de asistencia para cubrir las necesidades básicas; se constituyen con sus familias, amigos y vecinos para transformarse en grupos de consumidores con mayor poder de negociación en pro mejores precios de compra; los grupos sociales se reorganizan para la apoyar la satisfacción de necesidades básicas de los que lo están pasando mal. Este y otros ejemplos asumen los grupos más afectados en tiempos de crisis económica que, según Vittorio Corbo, no hay ninguna evidencia de que haya tocado fondo aún”.

Ejemplo

Ayudar sin importar a quien es lo más importante para los integrantes de la Fundación Sor Teresa de Calcuta. Miguel Valencia es uno de los integrantes de esta organización que diariamente aporta con almuerzo a más de 30 personas. “Comenzamos entregando onces a los indigentes que se reunían en las afueras de la parroquia de San Antonio, poco a poco fueron llegando más personas y nos dimos cuenta que nos estábamos quedando chicos y que podíamos dar más; fue así como se realizaron gestiones con el párroco para que la iglesia nos colaborara con un recinto donde poder atender a las personas. Debo reconocer que fue un proceso muy largo, costó más de lo que esperábamos, pero a la postre la parroquia nos facilita el comedor y la cocina donde atender a la gente”, indicó.

Valencia explicó que junto a los demás colaboradores se atiende a las personas sin preguntarles nada, sólo que cumplan algunas normas mínimas de comportamiento y respeto para ellos y los demás. “Si hay comida se le entrega a todos los que llegan; les pedimos 200 pesos a cambio, pero más que nada es para que demuestren un interés por ganarse el plato, que no todo puede ser tan fácil”.

Pero ¿por qué lo hacen?

“Por ayudar a los demás. Esto debe nacer de uno, dar su tiempo y a veces su dinero para ayudar a personas que uno no conoce, pero que sabe que lo necesitan. Depende de la formación que uno traiga también. De hecho fue mi hija quien me motivó a que colaborara en esto; luego se sumó mi señora y así hay otros casos de personas que sin esperar nada a cambio ayudan con aportes o con trabajo para brindarle un plato de comida a esta gente”.

Respecto del financiamiento contó que “se hace con lo que cada uno puede colaborar. Algunos aportes de particulares, pero nada más. Lamentablemente no contamos con el apoyo de alguna organización, grupo religioso o colegio. Servimos a los más necesitados con lo que podemos, como fue la idea original de nuestro benefactor Sep Michaelis. Yo mismo atendí personas enfermas en la calle, para ayudarlos a mejorar su calidad de vida. A la larga uno obtiene una satisfacción personal que no la logra de otra forma”.

De la misma idea es la voluntaria Lousie Davis; quien al igual de Valencia valoró el trabajo de personas como Michaelis, María Angélica Donoso, Eliana Silva y Margarita Castellón. “Lo que hacen ellas es impagable. Cada día vienen muchas personas y tratamos de colaborar con lo que se pueda. Ahora si alguien pudiera colaborarnos sería ideal. Siempre se necesitan recursos y alimentos no perecibles”, señaló.

Nilda Morales dijo que “las personas son respetuosas, saben comportarse, así se los hemos hecho ver. Creo que esa es una forma de motivarlos a venir y a una misma para ayudar”.

Así, con el trabajo de estas voluntarias, la familia de Ricardo Muñoz puede comer. “Se han portado muy bien con nosotros, no tengo nada que decir. No nos ponen ningún problema y tener un plato de comida es importante para todos nosotros que no tenemos la plata para comer. Aquí viene gente de todo tipo, de todas partes y hay un buen ambiente; con decirle que hasta pañales nos han dado para mi guagua; eso es muy bueno para nosotros”, indica agradecido.

Solidarios

Cada sábado las dependencias de Techo Fraterno en la parte alta de Llo Lleo se reciben a grupos de familias quienes llegan en busca de un plato de comida. Allí son bien recibidos por los voluntarios de la parroquia y las religiosas quienes siempre tienden una mano solidaria a los más necesitados, sin importar su condición.

Cada semana se turnan los grupos de llolleínos comprometidos religiosamente con el servicio a los demás. Grupos de catequesis, colonias, centro de madres, grupos de oración, confirmación, coro, cooperadoras voluntarias, grupo comedor y ministro de comunión cada cierto tiempo reúnen recursos y entregan su trabajo a las familias que concurren al comedor.

La hermana Miguelina Jara informó que “brindamos un almuerzo completo todos los sábados durante todo el año, salvo febrero, pero es un compromiso importante por el que debemos responder. Aquí vienen familias, llegan con sus envases y se llevan el almuerzo a sus hogares para todos los integrantes del grupo. Hay muchos cesantes, ancianos solos, discapacitados, entre otros”.

Por su parte la encargada de la labor del comedor es la hermana Felicia Agüero. Ella explicó que gracias a los aportes de los voluntarios se reúnen los alimentos. “Además hay algunos aportes importantes como la gente de la feria que cada cierto nos ayudan con frutas y verduras. Son muy colaboradores y comprenden la labor que realizamos, así es que siempre nos tienden una mano”, aseguró.

Aquí es cuando los sanantoninos muestran su lado más solidario. “Sí, hay una muy buena disposición. Son personas que vienen, se preocupan del aseo, de preparar las cosas, de todo. Toda ayuda es bienvenida, así es que si alguien puede colaborar podría comunicarse al fono 282971, les estaremos agradecidas”, sostuvo.

Compromiso

Para las apoderadas del colegio Espíritu Santo, participar en el comedor de la parroquia de Llo Lleo es un compromiso que deben mantener en el tiempo.

Al igual que ellas, son varios los grupos que semana a semana entregan su aporte en las dependencias del templo de avenida Providencia.

Y no podría ser de otra manera, por cuando son más de 60 las personas que diariamente reciben su almuerzo en este lugar.

Maritza Cárdenas, Bernarda Flores y Gabriela Ramírez estuvieron esta semana encargada de la labor el día que le correspondió al colegio ayudar en esta obra. Señalaron que es un trabajo que da satisfacción y que se realiza con ganas porque es un bien a la comunidad, además que es para gente que realmente lo necesita.

“La gente se motiva por participar, por eso no se puede fallar”, dijo Bernarda Flores. En tanto, Maritza Cárdenas destacó que “el desempleo ha provocado que haya aumentado la llegada de personas a este comedor; lo mismo que las enfermedades, hay personas enfermas o drogadictas que también ayudamos con la comida”.

Este grupo es coordinado por la profesora Liliana Yánez, quien destacó que el colegio ha estado por más de 6 años cumpliendo con esta labor solidaria. “Esto se realiza con aportes de los cursos, del centro de padres y del colegio. Gracias al acuerdo con el padre Rafael utilizamos las dependencias de la parroquia para este servicio que entrega muchas satisfacciones”.

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