martes, 4 de agosto de 2009

Enrique Gimeno Pérez, presidente del club Intihuatana de Santo Domingo: “Tener amigos es un privilegio”

Español de nacimiento, chileno de adopción y santodomingano de corazón, este dirigente de los adultos mayores encontró en la comuna parque el lugar para desarrollar sus proyectos junto a otros “lolos sesentones”, como él los llama


Corría el año 1939, España estaba devastada tras la cruenta guerra civil que enfrentó a nacionalistas y republicanos.

Unos años después, la situación no mejoraba sustancialmente y en Barcelona, los padres de Enrique Gimeno Pérez analizaban la posibilidad cierta de dejar el país, en búsqueda de mejores horizontes.

No fue una decisión fácil; no era simple cambiar de vida de un día para otro, pero unos amigos avecindados en el lejano Santiago de Chile, lograron convencerlos de cruzar el charco.

Así en 1952 y con 15 años, Gimeno se vio en la capital chilena donde junto a sus padres y hermanos reiniciaron el camino.

Afable y de charla fácil, el ahora vecino de Santo Domingo, recuerda aquellos días con nostalgia, pero con la claridad de que fueron determinantes en su formación. “Desde 1952 a 1966 viví en Chile; desde mi llegada ejercí diversos trabajos, pero mi crecimiento y mis verdaderos amigos se forjaron esos años en este país. Regresé a España, pero siempre estuve muy ligado a Chile y a la colectividad residente aquí. Por mi profesión de agente de viajes me trasladaba permanentemente entre ambos países, de modo que nunca perdí contacto con lo que sucedía acá”, indica.


“En España nació mi hija María Elena, la que llegó a complementar nuestra familia de 4 hijos varones. En conjunto me han dado 9 nietos. Hoy todos están radicados en diversas ciudades españolas como Madrid, Reus, Toledo. Trato de viajar al menos una vez al año, si se puede. En el año 1994, pasaba un delicado estado de salud y unos muy buenos amigos –la familia Andrews-Rojas, me invitaron a cambiar de aires una temporada a Santo Domingo”, cuenta en una conversación sostenida en el living de su linda casa de la avenida Del Parque.

Se notan sus viajes y sus gustos. En su residencia hay recuerdos de viajes, de r

egalos de amistades y uno que otro souvenir encontrado en sus viajes por el mundo. “Espérate, te voy a mostrar mis pasaportes”, indica entre risas.

Y sorprende, al menos 10 libretas llenas de timbres que denotan su paso habitual por países latinoamericanos y otros destinos menos comunes como Checoslovaquia, Islas Fidji, Egipto, Nigeria, entre otros. Las hojas se hicieron escasas para registrar las idas y venidas entre Madrid y Santiago. “Era un pasajero habitual, me conocían las tripulaciones. Una vez viajé de un momento a otro a Chile, estuve quizás menos de 24 horas y de vuelta a Madrid –un viaje de más o menos 14 horas-. Al subir al avión los tripulantes se sorprendieron al verme: ¿No viajó usted con nosotros ayer?, me dijeron y no entendían lo rápido de mi estada. Así fue por muchos años, de allá para acá, de aquí a Perú, Colombia, Argentina, Ecuador, en todos los lugares donde la agencia tuviera una oficina. Creo que a la larga eso me pasó la cuenta en el plano personal”, confiesa.

En Chile

A Gimeno le sucedió lo mismo que a muchas personas. Pensaba estar un mes o a lo mucho un par de meses, pero no pensaba encontrarse con un paisaje y un ambiente que le encantaron y que hasta el día de hoy lo tiene como un vecino más de la comuna parque. “Una vez dejado mi trabajo en la agencia y en Chile otra vez me asocié con Carmen Gloria Rojas para crear en esta comuna unas cabañas de alto nivel, lamentablemente ese proyecto no fructificó y decidí instalar una fábrica de hielo, la cual funcionó hasta hace 4 años cuando el corazón me dio un aviso. Se vendió la fábrica y ahora estoy en el gremio de los jubilados”, indica entre risas.

¿Fue mucho el problema al corazón?

“Sí, fue más o menos complicado. Me hice los análisis correspondientes y he seguido al pie de la letra las indicaciones de los médicos. Con orgullo puedo decir que he bajado mis buenos kilos.

No puede hacer desarreglos con la dieta entonces…

“Para nada. Adiós, embutidos, choricillos, jamones, patés, el pan… uuuyyy las marraquetas, las hallullas. Con el dolor de mi alma tuve que decirle adiós, pero fíjate que así he bajado como 16 kilos.

Segunda etapa

Controlados sus problemas de salud, Enrique Gimeno comenzó una nueva etapa en su vida. “He conocido personas de mi edad –todos lolos sesentones- con los que comparto. Mis amigos Silvia Escobar y Samuel Mella me invitaron a participar como tesorero al club del adulto mayor Intihuatana; al poco tiempo me eligieron presidente, acepté complacido por la confianza, y no sé por qué, pero he sido reelegido cada dos años. Hemos hecho muchas cosas gracias a la labor de la directiva que componen María Victoria Paredes, como secretaria; Sergio González como tesorero (ya se querrían muchas empresas tener una contabilidad tan fina como al nuestra”, Albert Robinson Alvarez y Francisco Infante como directores; además de Korn van Barras. En la actualidad le dedico gran parte de mi tiempo al club y a una sociedad de distribuciones”.

Como dirigente Gimeno señala que el club funciona en una sede en Las Acacias, en un terreno cedido en comodato por el municipio local, inmueble que han levantado gracias a sus aportes y donaciones.

“Este es un lugar para los adultos mayores. Somos casi 80 socios activos; tenemos actividades como computación, gimnasia, taichi, pintura, juegos de mesa y cine los martes y viernes. Recientemente nos fue aprobado un proyecto del Senama, con el que construiremos una terraza y una nueva sala en la sede”.

Aseveró que “estoy muy feliz en Chile, tener un grupo de amigos como éste es un privilegio. Con esto y con el clima de nuestra zona qué más se puede pedir en la vida. Dar gracias a Dios, por todo ello”.

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