martes, 28 de abril de 2009

Unidos por el amor y el uniforme de Carabineros


En el amor no hay nada escrito y quien diga lo contrario es un mentiroso.

Nadie puede determinar los designios del corazón, develar sus intrincados caminos y la forma en que reaccionará al momento de encontrar al ser amado.

Así se han formado miles de matrimonios en la convergencia de intereses comunes, en la afinidad del trato y en la complicidad en la forma de ver la vida.

Es lo que le sucedió a la cartagenina Claudia Pehuenche Ale, cuando conoció a Italo González Valenzuela.

El amor no fluyó de inmediato, confiesa que fue algo progresivo; más bien al principio hubo una especie de rechazo.

Es que lo encontraba algo ¿sobrado?... ¿Puede ser?

Lo cierto es que Claudia e Italo unieron sus vidas.

Hasta ahí no tiene nada de raro. Es el comienzo de quizás muchas parejas.

Pero Claudio e Italo comparten mucho más que el amor por el otro, comparten el amor por su trabajo, por un estilo de vida, por el servicio a la comunidad. Claudia e Italo son carabineros.

En el marco del 82 aniversario de Carabineros de Chile vale la pena poner de manifiesto la labor de estas personas que tras el uniforme verde, son igual que todos, con una familia y otros intereses por los cuales velar.

 

Juntos

 

Lo curioso de este matrimonio es que se conoció donde las “papas queman”, siendo carabineros en un curso de Fuerzas Especiales. Estando en diferentes reparticiones se encontraron en esta instancia.

La cabo segundo Claudia Pehuenche es alta y por su contextura física calzó justo en el equipo destinado para el control de orden público, además de protección de personas importantes y guardia del palacio La Moneda.

Su actual marido, el cabo primero, Italo González, optó por algo similar, consciente de que era un paso importante en su carrera en la institución a la cual llegó siguiendo una amplia tradición familiar.

Ellos siguiendo los designios del amor se casaron en la iglesia de Cartagena; luego se desarrollaron en Carabineros fundamentalmente en labores en Santiago, hasta que conformaron su propia familia con la llegada de Felipe, hoy de 6 años de edad, y de Catalina, de 5.

Claudia cuenta que “claro, uno sabe que al ingresar a la institución es carabinero las 24 horas del día y por lo general, tenemos horarios que difieren con el común de las familias. A veces se hacía difícil coordinarnos de alguna manera para estar los 4 juntos. A veces yo trabajaba de día y él de noche o a la inversa. Unas veces estaba en servicio en un lugar de Maipú y él estaba de guardia en otro”.

Italo lo corrobora. “Por nuestro trabajo en Fuerzas Especiales fue común tener que asistir a eventos masivos como recitales, conciertos o partidos importantes en el estadio Nacional, por ejemplo. A veces con encontrábamos ahí en un dispositivo, nos saludábamos y luego cada uno a su labor”.

Con un entusiasmo que denota el cariño por su profesión indica que “sí, es sacrificado, pero se hace con cariño porque es lo que uno eligió. Recuerdo que en varias oportunidades nos tocó pasar el Año Nuevo fuera del hogar asistiendo a un servicio en las inmediaciones de la torre Entel en plena Alameda donde se lanzan los fuegos artificiales a fin de año. Mientras la gente celebraba nosotros debíamos estar atentos a la seguridad”.

 

En peligro

 

Al ser parte de la unidad de control de masas de la policía uniformada, es habitual que carabineros de FF.EE. estén en actividades de riesgo como son las protestas masivas de estudiantes, los diversos gremios y para el 11 de septiembre, donde vastos sectores de Santiago se ponen complicados por la acción de grupos organizados.

“Uno está en acción, pero se da cuenta del riesgo que corre. En esos momentos obvio que uno piensa en la familia, pero también está mentalizado en lo que está haciendo y la labor que tiene que ejecutar. Me ha tocado estar en situaciones peligrosos, he sufrido varias fracturas, me han caído bombas molotov cerca. Esto es algo que todos los carabineros están dispuestos a sufrir”, dice Italo.

Y para su esposa eso es motivo de preocupación. “Claro que una se preocupa, me ha tocado varias veces el recibir un llamado y que me digan que a su marido le pasó esto o lo otro”.

Así en una actividad vertiginosa comprendieron que con la llegada de sus hijos la situación sería diferente; de ahí que optaran de mutuo acuerdo acercarse a la familia de Claudia que reside en Cartagena.

 

El regreso

 

En Carabineros existe el interés de permitir a los matrimonios de funcionarios el poder trabajar en áreas cercanas a sus lugares de origen. Claudia indica que “en el plan de traslado anual postulé al Litoral Central y afortunadamente fui seleccionada. Luego fue el turno de Italo y tuvo su traslado a Cuncumén. Después de 12 años de estar trabajando en Santiago nos vinimos a la costa. Acá tenemos una vida mucho más hogareña, podemos llegar a nuestra casa todas las noches y estar con los niños, eso ha sido súper importante para nosotros”.

“Para mí el cambio fue muy importante –cuenta Italo- imagínese lo que es venir de Santiago, estar en situaciones complicadas y llegar a Cuncumén, donde hay bastante tranquilidad. Afortunadamente la institución nos da la opción de hacer muchas cosas y bien variadas, hay oportunidades de perfeccionamiento y eso es muy valioso. No me costó tanto después de todo, porque con Claudia somos muy caseros”.

 

¿Cómo se las arreglan?

 

Para todo hogar con niños pequeños, el organizar el tiempo es complicado. Más aún cuando los padres tienen horarios disímiles y no están en fechas importantes para los hijos.

“Tenemos una vida como al de cualquier matrimonio, con sus etapas buenas y otras complicadas. Somos normales, pero eso sí, por el trabajo que tenemos, nos hemos perdido varias etapas, el primer paso de los hijos, el primer diente, uno que otro cumpleaños. Como madre una se encarga de explicarle a los niños las condiciones en las que nos encontramos y ellos saben aceptarlo, aunque a veces les cueste entender que el papá no está con ellos porque está trabajando”, señala la cabo segundo Claudia Pehuenche.

“A mi me ocurre que llego a la casa y la Claudia sale a su trabajo. U otras veces en las que llego y los niños están durmiendo y al otro día están gran parte de su tiempo en el colegio. Si bien soy carabinero, en el hogar uno trata de cambiar el chip y preocuparse de otras cosas, estar con los niños y hacer los asuntos de la casa, como todos nomás con el rol de padre y marino”, indica Italo.

 

Al servicio de la comunidad

 

Para Italo González, “uno es carabinero todo el día y como tal debe saber de todo. A veces puedo hacer trabajo de oficina, otras de vigilante, otras en el tránsito o en un partido de fútbol importante. Estamos para eso y lo hemos aceptado. Uno nunca sabe con lo que se va a encontrar, si hasta asistir partos en un auto me ha tocado…”

Su esposa mantiene lo dicho “hay momentos en que una es carabinero, pero también es mamá y cuando está con los hijos tiene que ser madre y con esas responsabilidades. Gracias Dios aquí hemos tenido una importante ayuda de mi mamá que nos ayuda con los niños cuando nuestros horarios no nos permiten estar en el hogar. Como todo padre responsable nos preocupamos de enseñar de la mejor manera a nuestros niños y sabemos que ellos son el reflejo de cada uno de nosotros”.

Consultada si estaría dispuesta a que Felipe y Catalina siguieran la carrera de Carabineros dijo que “esa determinación es de ellos. Han visto como hemos sido nosotros y no los voy a presionar de ningún modo para influir en su determinación. Claro que para ellos su papá es el mejor y quién sabe si eligen seguir esta profesión, ellos lo decidirán”.

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