jueves, 12 de marzo de 2009

Adicción que no es un juego


Con el inicio de la temporada escolar esta semana en San Antonio, los niños y jóvenes de la ciudad retomaron una rutina de asistir al colegio, levantarse temprano y estudiar.
Atrás quedaron los días de descanso y las horas y horas ante el televisor y ante los juegos de video.
M.O.C. (14) a quien conoceremos como Marcos, es un joven sanantonino como cualquier otro que este miércoles regresó al colegio tras estar de vacaciones desde el 7 de diciembre pasado.
Fueron meses donde tuvo como principal distracción jugar al play station o ver televisión.
El sufrió bruscamente el paso de un horario desordenado a un esquema estructurado de actividades en su establecimiento educacional.
Y como es obvio no tenía ningún entusiasmo por volver al colegio.
"No quería volver, porque me aburro. Es bueno que me vuelva a encontrar con mis amigos, pero estar en la sala todo el rato es súper aburrido. Prefiero jugar en el play", cuenta.
Marcos –hasta antes de entrar a clases- destinaba tardes enteras a los videojuegos algunos más violentos que otros. "Me gusta el Fifa Soccer 2005, Need for Speed y de guerra el último Call of Duty", cuenta.
Quizás Marcos representa el esquema habitual de un niño que puede recibir una sobredosis de videos juegos en verano: Vive en un departamento pequeño, hijo de padres separados donde la madre es quien trabaja fuera del hogar y lleva las riendas de la casa, y para más abundamiento, carece de un buen grupo de amigos.
"Sí, a veces estoy harto rato pegado en el play, pero como que no me doy cuenta de cuánto tiempo estoy jugando. Si no juego me aburro, es más entretenido jugar", dice.
¿De quién es la responsabilidad?
Los niños y adolescentes más en riesgo son aquellos que presentan algún tipo de problema emocional y que se exponen largo rato frente a los videos de violencia.
El sicólogo de la Oficina de Protección de los Derechos de los Niños y Adolescentes OPD de la Municipalidad de San Antonio, Marcelo Degueldre, indicó que son los padres los llamados a poner los límites en la cantidad de tiempos que sus hijos están expuestos al televisor o a los videojuegos. "Es habitual que ocurran este tipo de situaciones en el periodo de vacaciones por cuanto los niños tienen mucho más tiempo libre y si a eso le sumamos que los padres están ausentes del hogar, se conforma un cuadro perfecto para generar conductas como estas. Los padres son los encargados de ordenar el horario de sus hijos. Hay que reconocer que muchos dejamos que permanezcan más tiempo ante el computador o la TV para que estén tranquilos, pero debe ser adecuado el periodo; de lo contrario ocasionará problemas", sostiene el profesional.
"Ahora si tú le pones a elegir a un niño entre los juegos y el colegio, es obvia la elección. Por eso, después se le generan problemas de atención y concentración a alguien que esté hasta 8 horas dictando clases", dijo el sicólogo.
Además -explicó- un niño no tiene conciencia de la cantidad de horas que puede estar frente al televisor.
Degueldre señala que "reitero que son los padres los que deben poner los límites en cuanto al tiempo de exposición a los videojuegos y a la televisión, además de los contenidos de éstos. No estoy de acuerdo con prohibir, pero sí respecto de que deben existir reglas claras en ese aspecto. La idea hubiera sido que en el periodo previo al ingreso a clases los niños fueran cambiando sus horarios".

¿Adicción a los videojuegos?

Miriam Pardo, coordinadora de Centro de Atención y Estudios Clínicos de la Universidad Andrés Bello, señala que "El videojuego o el play station no tienen nada de pernicioso en sí mismos, siempre dependerá del uso que se les de. En resumen, pueden presentar aspectos muy positivos en diferentes planos, a saber: en el ámbito sicológico a partir de la noción de intercambio y expansión del sí mismo dentro de la familia o más allá de la misma".
Indicó también que "pueden ser muy valiosos en el ámbito de las funciones cognitivas, tales como atención, memoria y estrategias de resolución de un problema. No obstante lo anterior, al mismo tiempo, pueden constituirse principalmente en una vía de escape frente a conflictos familiares y/o escolares encontrando en ese espacio virtual un lugar de contención momentánea, que no alcanza a suplir lo que le corresponde como función a los padres y, en otra medida, a los educadores y a los pares para la integración de la personalidad".
¿Pero cuándo se pueden constituir es negativa la exposición a los video juegos?
"Si el juego virtual queda circunscrito a un espacio cerrado en donde el niño sólo se involucra con el computador o con la máquina de videojuegos de un local comercial, sin poder compartir su experiencia con su grupo de pares o con su familia, este repetir incesante de personajes, obstáculos que sortear, metas a alcanzar o puntos a ganar, ¿dónde quedarían situados?, indica.
Para Miriam Pardo, es posible, que el niño recurra a estos juegos para poder desplegar allí sus fantasías, como un síntoma que denuncia su propio abandono. "Si el videojuego se constituye en el único mundo deseable para él, sin posibilidades de intercambiar lo que acontece en dicho espacio; si el videojuego le absorbe todo el tiempo y baja su rendimiento académico y, lo que es peor, no permite la expansión del niño con sus grupos de pares o con su familia, será necesario plantearse si está respondiendo a un síntoma que pone de manifiesto las carencias del niño no escuchado o no sostenido por su red más cercana", dijo.


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