lunes, 13 de septiembre de 2010

Manuel Gutiérrez Román, gruero: Testigo de la historia del puerto

En su trabajo debió lidiar con diversas faenas en el principal terminal marítimo del país. Por sus manos pasaron las grúas que descargaron la historia de nuestra ciudad. Hoy se encuentra con un panorama muy distinto del que conoció, pero más acorde con los tiempos actuales

Manuel Gutiérrez Román revisa las antiguas fotografías que guarda como un tesoro en una añosa maleta que alguna vez vio mejores tiempos.
Por sus manos pasan imágenes en sepia y blanco y negro, recuerdos de al menos 40 años, cuando era joven y participaba con entusiasmo en el básquetbol del Club Deportivo Llo Lleo y hacía de las suyas en el pórtico del Río Maipo.
Estamos en su casa ubicada en la parcelación Huertos de Chile en Santo Domingo y conversamos animadamente de esos años en que fue gruero en el puerto de San Antonio, donde se forjó una vida y logró el sustento de su hogar compuesto por 4 hijas, un hijo y su señora.
Ahí mismo trabajando en turnos de noche y caminando en medio del barro y del frío se dio la idea de que sus hijos no pasaran por lo mismo. “Es que es muy duro”, dijo.
También trabajó en la mítica grúa 82, la misma que es monumento nacional y que dio las bases para el puerto que le da prestigio a nuestra ciudad.
Hoy don Manuel tiene 87 años, pero recuerda esos días como si fueran ayer, salvo algunos nombres que se le ponen escurridizos -“esta cuestión de ponerse viejo”, dice- y vuelve a rememorar. “Comencé en 1945 a trabajar en el puerto. En esos años la grúa 82 ya era vieja. Era a vapor, estaba en el atracadero y se utilizaba para sacar bultos pesados que las otras grúas no eran capaces de soportar, pues sólo podían levantar como máximo 3 toneladas. Eso sí, ahí trabajan los más veteranos. Yo comencé como fogonero, posteriormente trabajé en grúas eléctricas, pero estaba dispuesto a ir donde fuera y cuando el jefe decía, había que ir. Claro que la máquina no era como se ve hoy, era una plataforma con una caldera, el maestro trabajaba y tenía solo una respaldo donde apoyarse y evitar el fuego”.
¿Cómo era la grúa 82?
Era revieja, ja,ja. Antes era toda abierta, no tenía la caja que tiene hoy. Había que moverla con manillas y cables, teníamos que meterle mucha fuerza para moverla, no como las otras que eran eléctricas y ni pensar en las de hoy, que se mueven todas con una palanca.
¿Cuánto tiempo trabajó?
Jubilé en 1972. Fui jefe de grupo, llegué a ser jefe de las secciones Espigones y El Molo, pero mi puesto debía corresponder, en esa época, a otro tipo de personas; así que poco a poco fui quedando de lado hasta, que llegó el momento en que decidí dar un paso al costado.
En la pega estuve en la fragua, fui mecánico, electricista y pasé a practicar, a reemplazar a los maestros ganando experiencia en el manejo de las grúas. Era una época en que los marítimos trabajaban a trato, había mucho trabajo para la descarga de buques a granel. Antes se necesitaba 11 hombres por escotilla. Si un buque tenía 5 escotillas, entonces 55 hombres trabajaban en un solo buque. Hoy todo es por cinta y con mucho menos operarios.
¿Cuál era la labor más complicada?
Lo más difícil era trabajar sacando trigo y carbón. Teníamos muy poco espacio de acción. Y si uno era muy lento, los trabajadores se quejaban altiro pues trabajaban a  trato. Querían terminar rápido con los barcos, sobre todo en las horas extraordinarias.
¿Había barcos más difíciles que otros?
Sí, pero nada como el San Martín, tenía palos por todos lados y las grúas eran de pluma fija, para poder accionar había que echarse para atrás, la bandeja golpeaba a cada rato. Había que ser fino en eso.
¿Qué es lo que recuerda con más cariño de esa época?
El compañerismo que había. Teníamos nuestros problemas, pero todo se arreglaba. Incluso en momentos económicos complicado organizamos un economato para proveernos de mercaderías. Todo eso quedó en el pasado.
¿Cuando ve el puerto ahora que piensa?
Ahora no queda nada de lo que había. Por ejemplo, en el molo había cuatro bodegas de tres pisos donde se guardaba cobre y otras cosas. Además había un galpón frente al atracadero. Cuando he ido, ya no reconozco nada. Se ven barcos enormes y muy diferentes de lo que conocí.
¿Y la grúa 82?
Ahora está bonita, nada que ver como cuando se trabajaba en ella, está pintadita, tiene latones por los lados, techo; antes no era así. Lo que conserva aún son los rieles que eran los que aguantaban los pesos, pero me alegro que siga en pie.

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