lunes, 5 de abril de 2010

En la costa del epicentro


Carlos Pacheco es amante del surf. Está acostumbrado a vivir en la cosa, con el rostro de frente al mar.

Por lo mismo, conoce bien las playas de la costa donde se verificó el epicentro del terremoto y comprobó en terreno cómo la naturaleza golpeó fuerte a las familias que residen en esos lugares.

Recorrió Peyuhue. “No hay palabras para explicar la magnitud de la devastación. El preguntarse el por qué a nosotros. También preguntarse cuánto demorará la reconstrucción de todos estos hermosos lugares que algún día albergaron al turismo nacional y extranjero. Nunca antes había vivido algo así. Donde algún día hubo casas hoy sólo quedan los vestigios de un mar que arrasó con todo lo que se cruzó por delante. En un momento un perro se me acercó, en su mirada se reflejaba el terror de lo vivid. Vi muchas personas que buscaban en los escombros algo que le hiciera recordar dónde quedaba su casa”.

Indicó también que “después me adentré 10 kilometros al sur de Peyuhue, casi en el epicentro del sismo. La devastación del maremoto es ha simple vista una tragedia enorme, casas destruidas y desiertas, vehículos hechos pedazos. La gente aún estaba temerosa y el mar en su lugar como si nada hubiese sucedido. En el lugar hubo 20 muertos y 5 desaparecidos; es algo dudoso, pues pueden ser más. La psicosis persiste entre los vecinos, las réplicas son frecuentes y las autoridades hacen ensayos de simulacros cuando ya la catástrofe principal se dejo caer. La negligencia por parte de los organismos encargados superó toda expectativa. No quiero decir que estos ensayos no se hagan; al contrario, debieran estar en nuestra cultura. Somos un país que en su historia ha sido afectado por maremotos y terremotos. Creo que falta una capacitación de tecnologías de medición tanto en el mar como en tierra. No es posible que den una alerta de un posible maremoto en el idioma universal y el receptor no sepa interpretarlo. Se jugó con la vida de cientos de compatriotas que dormían y al momento de hacerse realidad el fenómeno, no supieron cómo reaccionar. Empecemos a culturizarnos, somos un país sísmico. Más cultura sobre estos eventos de la naturaleza, para saber qué hacer cuando se presentan y que no vuelvan a suceder tantas muertes”.

Ayuda

Pero también en su recorrido por medio de la devastación, Carlos Pacheco comprobó cómo la gente tiende una mano solidaria para ir en ayuda de los demás.

“En Curanipe vi como la gente se agrupaba en torno a ollas comunes. Lo que pasa es que como la devastación era tan grande, no había donde comprar algo. No había nada, así es que los vecinos se unían y compartían de una u otra forma lo que tuvieran. Muchas de estas personas se dedicaban a la pesca y a la actividad turística, de eso no queda nada. No había llegado ayuda mientras estuve allá. Creo que una semana después recibieron algo de comida de parte del gobierno, pero antes nada”, dijo.

“Yo también ayudé en Cauquenes a sacar escombros de las casas. Ocurre que la gente no tenía los medios para sacar sus cosas y en esas circunstancias todos debíamos ayudar y la gente tendía una mano. Fíjate, que pese a la destrucción, la gente después buscó hacer su vida normal. Eso me llamó la atención”, aseveró.

Testigos de la catástrofe y de la esperanza


Si bien ha pasado casi un mes de la tragedia que azotó a gran parte del país, hay testimonios que evidencian la fuerza de la naturaleza, pero a la vez dan cuenta de la solidaridad de los chilenos en los momentos de mayor dolor

Cristian Pezoa y Nancy Pereira tenían muchos planes para disfrutar de unos cuantos días de descanso en la localidad de Cauquenes, en la VII Región.

Había trabajado duro durante el año y a finales de febrero pensaban que ya era hora de tener unos momentos para ellos, para compartir con la familia y para “cambiar el slip” del día a día en el trabajo.

Por eso se prepararon con tiempo.

Aquel viernes 26 de febrero trabajaron con normalidad, terminaron a tiempo, arreglaron sus cosas en su auto… Todo listo y dispuesto y a eso de las 20 horas emprendieron rumbo al sur por la Carretera de la Fruta.

Fue un viaje tranquilo -como el que muchas veces habían realizado- y como a las 12.45 de la noche llegaron a su destino.

Tranquilamente saludaron a sus familiares, bajaron sus cosas, se acomodaron y compartieron anécdotas mientras veían una de las últimas noches del Festival de Viña.

A eso de las 3 de la mañana el cansancio pudo más y decidieron irse a la cama para entregarse a los “brazos de Morfeo”.

Estaban en eso, apenas unos minutos pensando en el panorama del día después mientras cerraban los ojos, cuando la tierra empezó a temblar.

Cada vez con más fuerza.

¡Terremoto! Dijeron

Y cada uno de los familiares buscó el lugar más seguro para pasar ese momento. Unos bajaron del segundo piso buscando la salida mientras las cosas caían con un ruido estrepitoso,

Otros quedaron en sus habitaciones a la espera que todo pase.

Destrucción.

¿Qué pasó? ¿Qué hacer? Fue lo primero que se les vino a la mente, mientras se enteraban de lo que había sucedido en Cauquenes. ¿Cómo estarán las hijas en San Antonio? Fue otro motivo de preocupación.

Por lo pronto, Cristian y Nancy comprobaron que ellos y sus familiares estaban bien, luego vendría lo demás.

Con las primeras luces del día comprobaron la destrucción del barrio, más tarde en un recorrido pudieron comprobar la fuerza destructora del sismo.

“Literalmente Cauquenes quedó en el suelo –cuenta Cristian- Hay muchas casas antiguas de adobe que se vinieron abajo, escombros por todos lados, gente gritando, pidiendo auxilio, autos acelerados de un lado para otro… Un caos total. Fue terrible vivir en esas circunstancias el terremoto. Nadie sabía qué hacer. Lo primero, ver si estábamos bien, luego, tratar de rescatar algunas cosas de la casa”.

Su esposa Nancy Pereira dice “fue una cosa tremenda, todo en el suelo. Además el miedo de la gente se sentía. Después fue peor porque empezaron a llegar las personas que estaban de vacaciones en Peyuhue y Curanipe, se formaron largas filas en las bencineras. Todos querían cargar bencina e irse de inmediato. Contaban que se había salido el mar, que había muchos muertos… No lo podíamos creer. En realidad no podíamos entender lo que había pasado, eran las primeras noticias que teníamos de lo ocurrido. Nosotros teníamos pensado ir ese mismo sábado a Pelluhue. Nos dijeron que el lugar donde teníamos reservaciones, ya no existía, que se lo había llevado el mar. Todo nuestro panorama se vino abajo en un par de horas”.

La desesperación de la gente fue lo más impactante. “Los autos iban de un lugar a otro. La gente se agolpaba en las estaciones de servicios, en los supermercados y en las panaderías. Había una desesperación tremenda. Pánico en realidad. Todo se veía agravado al ver la cantidad de construcciones en el suelo. Edificios importantes de Cauquenes estaban con tremendos daños. La municipalidad, el cine, correo, mercado, hospital, todo en el suelo”, dice Cristian.

Lugar para la solidaridad

En medio de todo este desastre cerca del epicentro del terremoto, también hubo espacio para la solidaridad, para el reencuentro con los vecinos, para tender una mano.

“Después del terremoto se escuchaban gritos de personas que habían quedado atrapadas en sus casa, no podían salir. Otros aplastados por los muros. La gente salió a las calles y de inmediato se puso a ayudar, a ver qué podían hacer. En medio de todo eso, funcionarios de bomberos, Carabineros y de la PDI recorrían las calles tranquilizando a la gente e informando de lo ocurrido. En ese sentido, fue muy importante su ayuda. A mi me tocó saber de personas que quedaron atrapadas en sus casas y hubo que ayudarlas”, cuenta Cristian.

Nancy por su parte señala. “Mi hermana tiene un almacén y como no había servicios básicos, regaló y repartió a la gente parte importante de la mercadería. Se tenía que hacer eso porque había personas que no tenía nada. Nos tuvimos que dar ánimo y coraje entre nosotros, más aún cuando siguió temblando toda la noche y el día sábado. También en la noche andaba personal de Gendarmería buscando a los presos que se habían escapado de la cárcel de Parral, fue una noche terrible”.

“En medio de esas oscuridad hubo muchas muestras de unión. Vecinos que no se conocían cobijaban a otros, se ayudaban para ver qué se podía hacer. Hubo solidaridad” contó Cristian Pezoa.

Con la tranquilidad que dan los días después de la tragedia, Nancy Pereira se toma las cosas con humor. “Habíamos planificado tanto esos días de descanso. Pero esto no significa que mi marido me saca a pasear sólo para los temblores (ríe con ganas). Esto nos tocó justo nomás. Fue mala suerte”.

jueves, 1 de abril de 2010

La voz de especialistas

Pero volvamos a la “radiografía” que tomó el equipo de la UNAB en San Antonio.

El director de la carrera de Arquitectura del establecimiento, Juan Mastrantonio, indicó que “la Escuela de Arquitectura Matriz de la UNAB, establecida en Santiago, tenía desde un tiempo anterior, un convenio de cooperación que facilitó el aporte de profesores y estudiantes de la Facultad; la que tiene también una sede en Viña del Mar”.

¿Qué equipo participó en esta actividad.

Participaron dos profesores de Santiago con quince estudiantes y un profesor de la sede Viña del Mar con tres estudiantes titulantes y dos que viven en la comuna de San Antonio que están en cursos de tercer nivel.

¿Dónde se centró el accionar del equipo de la Universidad Andrés Bello.

Dirigidos por la Secplac; la Dirección de Obras Municipales y un equipo coordinador voluntario formado por profesionales ingenieros, constructores y arquitectos, dirigidos por el constructor Patricio Pinto, una gran persona, nos concentramos en la parte alta de Barrancas y Llo Lleo.

¿Qué fue lo más complicado que vieron?

Creemos que lo más "inesperado", más que complicado, fue constatar, una vez más, la fragilidad del sistema social, donde los problemas físicos son sólo una seña que deja al descubierto el terremoto. Esto no es una característica de esta comuna, sino de todas las comunas menos validas de nuestro territorio nacional.

¿Qué reacción vieron de parte de las autoridades locales?

El municipio de San Antonio acudió a la catástrofe de la manera más versada que me ha tocado acudir en casos como éstos. En primer lugar, atendió a cada una de las viviendas y edificaciones, diagnosticando el estado físico y social, lo que constituye un sistema de información exhaustivo, el que es un requisito indispensable para responder con los instrumentos existentes y/o por diseñar, para resolver los tipos de problemas de las edificaciones y las necesidades sociales de todos los habitantes, causadas por el terremoto o puestas en descubiertas por el mismo, sistema informático diseñado con las variables mínimas e indispensables para priorizar una ayuda apropiada.

Realizaron esta actividad con motivo de estudio, ¿o alguien los puede contactar para hacer una evaluación de daños en un edificio privado?

En una última etapa acudimos a casos puntuales de demanda específica en el sector de Llo Lleo que requerían una segunda inspección.

¿Han realizado esta experiencia en otras ciudades?

Hemos apoyado también al municipio de Viña del Mar y también al de Valparaíso, al que seguiremos prestando atención durante un tiempo más prolongado, según nos sea solicitado.

¿El terremoto les ofrece una oportunidad única para estudiar el comportamiento de las edificaciones?

Lamentablemente sí. Pero también nos hace dirigir una mayor atención a los problemas sociales que devienen en daños físicos ante terremotos o simples temporales.

La construcción irregular, que la norma no permite, es un fenómeno socio-territorial que no debemos desconocer. Ese tema es un campo de reflexión propio de la universidad. Las meras normas no pueden impedir la ocurrencia de los fenómenos naturales ni menos los culturales. Una incongruencia a resolver humanamente. La Universidad es la institución, a cargo mayor, en la inoculación de cultura a la sociedad.

En tanto, el estudiante Ricardo López Jaque indicó que “actualmente estoy preparando mi examen de título. Acudí como voluntario a esta actividad. La Municipalidad de San Antonio nos dividió en varios equipos y me impresionó la actitud positiva de los afectados y lo agradecido por nuestra labor. Las autoridades tuvieron una reacción muy buena y una excelente disposición. Creo que la mayoría de las obras de calibre son recuperables, se deberían reestudiar los estándares de calidad dando énfasis a los suelos”.

Para el alumno de la UNAB los sectores más afectados fue la población –socialmente hablando- de menos recursos. “Me impresionó ver en el suelo toda una vida de trabajo. En mi caso sólo quise poner a disposición de la ciudadanía mis conocimientos y mi experiencia en obras, además me gusta ayudar a los sectores desprotegidos. Este sismo sirve de experiencia. Aunque debo agregar que mi seminario de título apuntó a construcciones de adobe que es de lo que conforma la mayoría de las edificaciones, por lo que deberíamos hacer una crítica a ese tipo de edificaciones para poder mejorarlas”.

Radiografía al estado de los edificios de San Antonio


La evaluación de los profesionales y estudiantes de la Universidad Andrés Bello es clara y dejó en evidencia la fragilidad del sistema social de edificación de viviendas. El ejemplo del grupo de torres de Villa del Mar fue claro. Allí se concentraron los mayores daños, por lo que se corrobora la tesis de la demolición


El movimiento sísmico del 27 de febrero pasado nos movió el piso a todos.

Desde el interior de cada persona hasta las bases más sólidas de las viviendas de San Antonio se vieron remecidas a las 3.34 horas.

Panderetas en el suelo, casas destruidas, calles con grietas, etc. Fueron sólo algunos de los vestigios que quedaron tras el terremoto.

Han pasado tres semanas desde aquel día y las imágenes que todos vimos siguen dando vueltas en nuestra cabeza; demás está decir que en la televisión la magnitud de la tragedia quedó en evidencia, enrostrándonos que en nuestra ciudad, los efectos fueron de menor magnitud.

Pero pueden decir lo mismo los vecinos de las torres de Villa del Mar, que en una noche vieron truncados sus sueños debido a los serios daños sufridos en los edificios, lo que obligó a su evacuación.

De hecho, muchos de ellos permanecen habitando en carpas en la multicancha del sector.

O qué piensan los propietarios del moderno edificio Don Enrique que tiene evidentes grietas en sus pilares.

Lo cierto es que decenas de inmuebles se vieron seriamente afectados, por lo cual la Municipalidad de San Antonio, realizó un catastro y ya dio su veredicto ante una serie de edificios que se presentan como un peligro para la comunidad.

Aproximadamente 22 son las construcciones que deben ser demolidas totalmente y otros en forma parcial.

Cuatro edificios del centro de Llo Lleo no salieron bien parados de este diagnóstico y deben ser demolidos

El edificio Restaurante ubicado en avenida Providencia #0296 esquina Vicuña Mackenna. Sus vecinos destacan que el lugar no estaba en condiciones de ser ocupado desde hace un tiempo, pero que con el fuerte sismo se terminó de caer.

Ubicado en pleno centro de Llo Lleo, en avenida Providencia 175 se encuentra un edificio que alberga locales comerciales y departamentos, el cual deberá ser destruido. En Inmaculada Concepción 329, el establecimiento de juegos correrá la misma suerte.

Emblemático para la comuna es el caso del edificio Don Enrique, que inaugurado en 1996, no resistió el movimiento telúrico.

En nuestro diario hemos dado amplias informaciones respecto de lo que sucede con el edificio del Centro de Justicia que tiene daños estructurales. Según lo señalado por el director (s) de Obras de la Municipalidad de San Antonio, Armando Sabaj. “Encontramos daños estructurales y no estructurales. En lo estructural tenemos, por ejemplo, el encuentro de una viga con un pilar con daño, pilares de la fachada oriente en varios pisos, losas de escala con problemas de conexión con las losas de entrepiso, en el ala sur grietas en muros, el muro de contención en la parte oriente del edificio muestra inclinación que provoco problemas en calle Luis Emilio Recabarren y problemas en las casas. También hay daños no estructurales en cielos, muros, ductos de calefacción ventilación, ascensores. El edificio no puede ser todavía utilizado”, dijo.

Evaluación

Ante esta situación, el municipio de San Antonio se puso en alerta y reactivó el contacto con la Facultad de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello (UNAB) –vigente desde el año 2005- para que especialistas docentes y estudiantes de dicho centro de estudios superiores realizaran un catastro y evaluación de daños en las principales áreas de nuestra ciudad.

De esa manera se constituyó un equipo de expertos y alumnos, quienes trabajaron en terreno, especialmente en Barrancas alto y Llo Lleo alto a cargo del director de la carrera de Arquitectura, Juan Mastrantonio.

Como decíamos al inicio de este tema, su informe dejó en claro la debilidad en la construcción de los edificios de Villa de Mar, cuya situación quedó en evidencia al constatar en terreno los serios daños en sus pilares.

Esta situación es desesperante para las 296 familias damnificadas del sector, quienes han realizado diversas manifestaciones durante esta semana para poner en análisis su situación.

De inmediato el nuevo gobernador Mauricio Araneda determinó la entrega diaria de 27 viviendas básicas de 18 metros cuadrados para las familias más necesitadas.

Sin duda una medida necesaria para aliviar la situación.

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