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miércoles, 9 de marzo de 2011

Aprender a vivir en comunidad


Con poco espacio, paredes delgadas, baños y lavaderos comunitarios, los vecinos debieron aprender a vivir en grupo.
Dejaron de lado la intimidad de sus hogares para sobreponerse y volver a empezar. Talvez ha sido lo más difícil.
Sergio Cristi señala que estos conjuntos habitacionales son campamentos lisa y llanamente; ¿Aldeas de convivencia? “No, estos son campamentos y nada más. El otro nombre se le pusieron para que suene más bonito, pero nada más”, cuenta.
Cristo y su familia habitaba un departamento en el quinto puso de la torre 1115. “Mi familia vivió el terremoto atrapada en el departamento. Después que pasó el movimiento y unos vecinos rompieron la puerta y pudieron salir. Si no hubieran muerto. Dentro en el departamento se destruyó todo, eso hizo que se trancaran más las puertas. La situación fue terrible”.
¿Cuánto tiempo estuvo en carpa?
Junto a 7 familias estuvimos acampando 4 meses. Durante ese tiempo hicimos una olla común, recibimos ayuda de diversas entidades -más de fuera que de San Antonio-, pero pasamos de todo, hambre, frío, miedo. Hubo momentos de tristeza. Los niños lloraron mucho cuando demolieron los edificios.
¿Qué viene ahora?
Se dice que en marzo se realizarán trabajos, pero vemos que las fechas no se están cumpliendo. Estamos próximos a cumplir un año del terremoto y seguimos viviendo en mediaguas. Hemos respondido con todos los procesos, quitamos la demanda que habíamos interpuesto ante el Serviu, firmamos el acuerdo y estamos a la espera de ver los movimientos de construcción.
¿Son muchos los problemas?
Lo que se generan por estar tan cerca unos de otros. Ahora tenemos el problema de las pulgas e insectos, hay plagas. Esto es complicado, pero nos las arreglamos de alguna manera. Es deprimente vivir en estos campamentos.

Desventuras en mediaguas


Esa madrugada del 27 de febrero de 2010 marcó un antes y un después para 296 familias sanantoninas que habitaban los 8 edificios ubicados en la parte alta de la ciudad. El megasismo no sólo les infundió miedo sino que les arrebató sus hogares
Estamos a una semana de cumplir un año de uno de los sismos más violentos que se hayan sufrido en nuestro país.
Gran parte de la zona central sufrió los embates del terremoto 8.8 grados Richter que tuvo su epicentro en el mar a unos 150 kilómetros al norte de Concepción. Fueron 2 minutos y 45 segundos que remecieron lo más profundo de los hogares de la provincia de San Antonio y que dejó una huella imborrable en su interior.
Con el paso del tiempo las personas se van sobreponiendo, se salió adelante, se ha reconstruido lo que más se ha podido y esta ciudad puerto volvió a retomar su actividad y la rutina diaria, claro que las cicatrices del sismo aún se mantienen.
Prueba de ello son los trabajos de reparación del puente Llo Lleo que se espera entregar pronto nuevamente al servicio de la comunidad. Además, basta darse una vuelta por Centenario y ver la iglesia de San Antonio que aún muestra su exterior resquebrajado y que nos recuerda día a día lo que es la fuerza de la naturaleza.
¿Pero qué sucedió con aquellas familias que habitaban el complejo de edificios de Villa de Mar?
Se trata de un grupo de 295 familias que aquella noche debieron desalojar sus hogares ante el colapso de las bases de muchos de los bloques. Ellos se un día para otro, volvieron a encender fuego, a vivir en campas y a las ollas comunes para su alimentación.
Fueron cuatro meses viviendo en esas condiciones y después tras largas negociaciones, protestas de por medio, un grupo de 67 decidió aceptar la opción de habitar mediaguas transitorias a la espera de una solución definitiva.
Tras la demolición de los 8 edificios, los vecinos contemplaron el origen de las “Aldeas de convivencia”, grupos de mediaguas establecidas en calle Salvador Allende, Nápoles, Manuel Montt y Cardenal Caro.
Modernos campamentos en el San Antonio del siglo XXI

Cambio de vida

Angélica Soto es dirigente del grupo establecido en la multicancha ubicada en Salvador Allende con Nápoles.
Hoy le cuesta recordar aquella madrugada fatídica en que la tierra se movió violentamente resquebrajando las bases del edificio donde estaba su departamento. Más que por el tiempo transcurrido es por las ganas de olvidar.
Nunca imagino vivir en mediaguas, con la precariedad de delgadas paredes y con el recuerdo de lo que fue su hogar.
Cuenta que esta situación es como haber retrocedido 10 años, un volver a empezar que no se tenía pronosticado y que no se lo desea a nadie.
“No tengo muchos recuerdos de esa noche, era tanto el griterío, el ruido de la quebrazón de cosas en el departamento, que pensaba que más de algún edificio se iba a caer. En nuestro block habitaban muchos niños, ellos lloraban y sufrían  crisis nerviosas por lo sucedido. Fue un momento muy difícil. Ver cómo quedaron los edificios fue tremendo”, señala.
“Salimos con lo puesto, todo oscuro, polvo por todas partes. La gente gritaba pidiendo ayuda, se hizo lo que se pudo. Afortunadamente no hubo muertos, pero los edificios no resistieron. Estuvimos cuatro meses en carpa. Al principio, en el sector de la cancha éramos más, después muchas familias se fueron a otros lugares. No se puede decir que están mejor, pues están hacinados, de allegados o pagando arriendos muy altos”.
Angélica desliza un comentario el que después de mucho andar llegó a la conclusión. “Con el tiempo uno analiza mejor las cosas y se da cuenta que en el fondo, el terremoto fue para mejor, porque de esa forma se pudo ver que los departamentos estaban mal construidos. Muchos ya tenían grietas y quizás en algún momento iban a colapsar. De esta forma fe duro, pero ahora se está obligado a reconstruir. El Serviu estaba al tanto de que presentaban problemas, nunca se hizo nada y el sismo dejó en evidencia todas las deficiencias. Quizás es un ejemplo para que no se repita, que cuando construyan se hagan las cosas como corresponde, pues en estos departamentos no van a vivir animales, sino familias”.
¿El terremoto le cambió la vida?
Sí, a mi me cambió la vida. De un día para otro me encuentro viviendo en una mediagua y sin mi departamento. A todos nosotros nos afectó enormemente. De partida, una está expuesta a un montón de situaciones que tienen que ver con la convivencia. La gente que te ve en mediagua piensa que somos pobres, que somos poco menos que delincuentes, pero eso no es así, somos personas de trabajo, de esfuerzo. Esto nos tocó vivir por la negligencia e irresponsabilidad de la constructora encargada de levantar los edificios.
¿De todos modos hubiera preferido evitar esta situación?
Por supuesto, teníamos nuestros departamentos, quizás hubieran quedado con fisuras, pero hubiésemos preferido arreglarlos y no vivir en estas condiciones poco humanas.
Quizás algunos piensen que estamos aquí pasándolo chancho, que no pagamos agua, luz y eso no es así. Todo eso se paga sólo no cancelamos arriendo, pero hay que tomar en cuenta las condiciones en las que estamos. Nos exponemos a que nos miren en menos por estar en estos campamentos. De otra forma, yo jamás en mi vida hubiera optado por vivir en una mediagua. Imagínate lo que es el invierno, salir de noche y con frío para ir al baño comunitario. En la época de colegio debimos turnarnos de una u otra forma para la ducha, pues todos tienen obligaciones temprano.
¿Qué han sabido de la reconstrucción?
Se nos dijo que ésta comenzaría la segunda semana de febrero, se iba a realizar el cierre de los perímetros, pero hasta ahora nada. Vamos a esperar los plazos pertinentes, pero si no se cumplen, obviamente que vamos a estar ahí para exigir que se cumpla con lo que se nos prometió. Si no hay solución, entonces tomaremos otras medidas.  La gente va a cumplir un año en esta situación. Cumplimos con todos los procesos. Teníamos nuestros departamentos con todas las de la ley.
¿Tiene esperanzas?
Mira, de verdad, no tengo mucha, porque los plazos no se van a cumplir. Creo que el próximo año todavía voy a estar en la mediagua El Serviu tiene la responsabilidad de construir si o sí, venga del gobierno que venga. Todo chileno tiene derecho a una vivienda digna, sólo queremos que se hagan como corresponde. Si dice que hay que poner fierros de 2 sean fierros de 2, no papel ni otra cosa.
¿Hubo ofrecimientos que no se concretaron?
Hay que separar las cosas, nunca pedimos ayuda económica, sólo que se nos diera un subsidio para arrendar en algún lugar. Hubo algunos ofrecimientos, pero no se concretó nada. Queremos más que nada que se agilicen los procesos para que tener una solución.

La experiencia radial en San Antonio


En nuestra ciudad el club de radioaficionados “Hugo Roa Santander” cuenta con 18 integrantes aficionados a la electrónica y a la radio.
El club adoptó el nombre de Hugo Roa, en recuerdo de quien fuera uno de sus principales integrantes y que fue el guía para que muchos de los miembros de iniciasen en esta actividad.
Eleazar Soto Faúndez, explicó a El Líder que “somos el único club activo y legalmente conformado de la provincia. Nos regimos por el reglamento de la Subsecretaría de Telecomunicaciones para transmitir en la banda de los 144.000 a 148.000 MGHZ. Hace 3 años estamos trabajando con la Onemi y nos mantenemos en permanente contacto con las entidades de emergencia de la provincia como la Red de Emergencia Municipal (Remsa), además de Ejército, Carabineros, Bomberos y Hospital”.
Enfatizó que “somos una entidad sin fines de lucro que estamos dispuestos a entregar nuestra ayuda desinteresada a la autoridad. No somos entes oficiales, no nos mandamos solos; somos muy estrictos en ese sentido y hacemos respetar los códigos que nos entregan”.
¿Qué actividades realizan?
Bueno, somos un club antes que nada y como tal nos reunimos entre los integrantes (18) y realizamos capacitaciones para ir mejorando en temas como construcción de antenas, manejo de los equipos, etc. Además, compartimos experiencias.
¿Quiénes se pueden integrar?
Cualquier persona que se sienta cercana al tema, desde los 15 años de edad.

Trabajo posterremoto

Tras el terremoto, tuvieron mucha actividad…
Exactamente. Nos coordinamos con los organismos de emergencia y medios de comunicación locales. Nos instalamos en la radio Chilena y estuvimos generando contactos con otros colegas que estaban en la zona más afectada. Además, recibimos muchas peticiones de vecinos que querían saber del estado de sus familiares. No tenían cómo comunicarse y nosotros les prestamos ayuda.
Onemi nos llamó y nos pidió que colaboráramos con la labor de dar tranquilidad a la comunidad. Estábamos alerta por el tema del tsunami, pero más que todo, ayudar a la calma.
¿Ustedes se enteraron de inmediato de la magnitud de la tragedia?
Sí, tuvimos contactos con colegas del sur que lograron transmitir de inmediato. Hubo otros a los que se les cayeron las antenas y las casas. Supimos lo que estaba pasando y lo que sucedió en Constitución.
¿Qué fue lo más difícil del momento?
Aparte de reiterar los llamados a la calma de la población, lo complicado fue contar con los recursos adecuados para hacer nuestra labor. Fue difícil conseguir energía para recargar las baterías; además que se nos hicieron pocas. Agradezco la colaboración de las empresas Merco Tank y Vicmar que en ese momento nos prestaron baterías.

Las conclusiones

Lo terrible del terremoto sirvió para poner a prueba la capacidad de reacción de estos radioaficionados. Fue el momento propicio para sacar conclusiones que permitan en un futuro actuar de la mejor manera.
Soto indica que hay varios aspectos que se han mejorado, lo que es muy valioso. “Dentro de las conclusiones más importante está la necesidad de trabajar estrechamente con la Defensa Civil, con los boys scouts de la comuna, para de esa manera hacer llegar a los vecinos los mensajes que nos transmiten. Por lo mismo, pretendemos aumentar la difusión con las radios comunitarias locales para propagar la información”.
“Seguiremos perfeccionándonos para optimizar nuestros procedimientos ante otras emergencias como incendios forestales o temporales de lluvia en invierno. Se hace necesaria la capacitación constante de entidades como el personal municipal de la provincia, los integrantes de la red Victor y los integrantes de la Uncosan que están en contacto con nosotros. La idea es que los dirigentes de cada barrios se acerquen a los radioaficionados y se enteren de la información para darla a conocer efectivamente”.

Radioaficionados: Amor por la radio


Tras el terremoto del 27 de febrero volvió a quedar en evidencia la importancia de los radioaficionados en la ayuda a la comunidad en momentos de emergencia. Cuando se cayeron los celulares y no había electricidad, ellos estuvieron en el aire comunicando


“Romeo Alfa 10, estamos atentos y a la escucha”
“Conforme Romeo Alfa 10, mantengan frecuencia”
Ese fue el primero diálogo que Eleazar Soto, presidente del Club de Radioaficionados Hugo Roa Santander”, tuvo con los encargados de emergencia de la provincia apenas minutos después de que el terremoto golpeara con fuerza nuestra ciudad.
Poco se sabía de lo que había ocurrido en otras zonas del país, no había señal de celulares, el suministro eléctrico estaba cortado; no había comunicación.
Y eso es lo que más se necesita en situaciones extremas: comunicación.
En esas circunstancias, cuando no se sabía a ciencia cierta de la magnitud de la tragedia, cuando los radioaficionados cumplieron una labor social de relevancia.
Se convirtieron de pronto en el nexo de los organismos de emergencia nacionales con las autoridades locales; además de ser el puente de comunicación de los sanantoninos que tenían familiares en las zonas de la VII y VIII Regiones que habían sido más golpeadas con el sismo y con el posterior tsunami.
Los radioaficionados estuvieron en contacto con sus colegas de otras partes del país, supieron que en el norte sus contactos no había percibido el movimiento; que sus amigos del sur sabían que en Concepción había varias personas muertas y para qué decir en las costas de Constitución donde la ola del tsunami causó irreparables pérdidas humanas y materiales.
No sólo eso, también se conectaron con radioaficionados de Argentina, que transcurridas algunas horas del siniestro, ya estaban transciendo y prestando ayuda para facilitar la comunicación.

Una afición especial

La radioafición es tanto una afición como un servicio en el que los participantes, llamados "radioaficionados o radioescucha", utilizan varios tipos de equipos de radiocomunicaciones para comunicarse con otros radioaficionados para el servicio público, la recreación y la autoformación.
Los radioaficionados cuentan con comunicaciones inalámbricas personales entre sí y son capaces de apoyar a sus comunidades con comunicaciones de emergencia y de desastres si es necesario.
Se estima que unas seis millones de personas en todo el mundo participan regularmente de la radioafición.
Los radioaficionados usan varios modos de transmisión para comunicarse. Las transmisiones de voz son más comunes, con algunas, como frecuencia modulada (FM), ofreciendo audio de alta calidad, y otras, como modulación en banda lateral única (SSB), ofreciendo comunicaciones más confiables, frecuencia a larga distancia, cuando las señales son marginales y el ancho de banda está restringido, en el sacrificio de la calidad de audio.
Los comunicaciones entre radioaficionados suelen confirmarse mediante tarjetas postales llamadas "QSL". En ellas se reflejan por escrito los detalles que sirven para confirmar el contacto realizado con la otra estación; el indicativo de llamada, posición geográfica en formato Maidenhead Locator, frecuencia y modo de transmisión, sin olvidarse de la fecha y hora en base al tiempo universal coordinado servirán como prueba escrita de dicho contacto.
Muchos radioaficionados muestran con orgullo su colección de QSL’S, las cuales confirman su pericia y trabajo en esta afición. No sólo prima la cantidad, sino que hay un verdadero fervor en la búsqueda de realizar contactos "difíciles" que son recompensados con la llegada de la tarjeta QSL confirmando ese contacto tan ansiado.

Martina llegó con el terremoto


Recibir un hijo es una de las etapas más importantes en toda familia. Pero darle la bienvenida a este mundo en medio de las réplicas de uno de los terremotos más violentos en la historia de nuestro país, es una experiencia que nunca se olvida


La pequeña Martina quiere caminar sola lo más pronto posible. Así se nota en sus primeros pasos de la mano de su mamá.
Ella es una niña normal, risueña y curiosa como todos los pequeños. Va de un lugar a otro, como queriendo descubrirlo todo, pero siempre bajo la atenta mirada de sus padres.
Este domingo Martina celebrará su primer cumpleaños; exactamente, justo cuando se cumple un año del megasismo que golpeó a gran parte del país y que en San Antonio se sintió con fuerza.
Ella llegó al mundo pocos minutos después del terremoto, en un hospital Claudio Vicuña congestionado por la tragedia y que también evidenció en su estructura la fuerza de la naturaleza.
Susana su madre y David su padre, pensaron tener a su segunda niña de la mejor manera posible; no se imaginaron nunca que tendrían que recibirla en medio de temblores que remecían hasta lo más profundo el principal centro asistencial de la provincia.
Ese día 27 de febrero, los médicos estaban atentos al parto, pero también a las grietas que evidenciaban las paredes. Las enfermeras se preocuparon de la pequeña y también de la evacuación del hospital, pues en esos momentos de tensión, todos pensaron que el edificio podría colapsar ante la fuerza de las réplicas.
Martina Antonia Neira Laurie llegó con el terremoto y se ganó su apodo “Terremotito”, que hoy su familia dice con cariño y simpatía. Pasó lo peor, pero su llegada fue un evento más movido de lo que todos pensaban.

Parto

“Estaba pronosticado que iba a tener a mi guagua por esos días –cuenta Susana, la mamá de la pequeña- El 26 de febrero fui al hospital, vi al doctor y me dijo que al otro día iba a nacer mi bebé, porque ya estaba con trabajo de parto. No me quise quedar esa noche; así es que nos vinimos a mi casa de Algarrobo. Había llegado recién cuando vino el terremoto. Fue terrible, nos escondimos con mi suegra y mi hija mayor Isidora debajo de la mesa, pensé que mi guagua iba a nacer, tenía fuertes contracciones. No sé, quizás haya sido el susto, pero pensé que iba a dar a luz ahí mismo”.
David Neira, padre de Martina, no esperó un segundo más y enfiló hacia San Antonio. El panorama no era de los mejores, grupos de personas se encontraban en las calles, con la incertidumbre propia de lo ocurrido, esperando qué iba a suceder, aguantando las réplicas que a cada instante se dejaban sentir y atentos a las informaciones de los organismos de seguridad: que había que evacuar, que había alerta de tsunami, que se venía otro más fuerte, etc.
Al llegar al hospital la situación no fue mejor, las grietas se veían claramente en el edificio del centro de salud y las enfermeras y paramédicos iban de un lugar a otro asistiendo a los lesionados que llegaban a urgencias.
Sin duda un panorama que no se esperaba.
Susana agrega que “tuve a mi guagua en esas circunstancias. Se venían las réplicas a cada rato, el edificio crujía. Tenía mucho miedo, sólo quería que todo pasara pronto para estar con mi hija e irme de ahí. Lamentablemente tuve problemas, porque justo cuando me estaban colocando una anestesia raquídea, vino una réplica muy fuerte, que hizo que la anestesista cometiera un error y no me aplicará la inyección como correspondía. Eso pasó justo cuando me estaban pinchando. La gente iba de un lado a otro, se había dado la alerta que había que evacuar el hospital por riesgo de tsunami. Imagínate, la situación. Todo el mundo estaba evacuando y yo ahí, en una sala que no era la habitual para el parto, porque la otra había sufrido daños con el sismo. La niña nació en un pasillo, cerca de una puerta donde se evacuaban a los demás pacientes”.
¿Qué pasó después?
El médico nos dijo que estuviéramos atentos, que la situación del edificio no se veía bien. Que si venía una réplica muy fuerte, tendríamos que evacuar el recinto nomás. Estuve dos horas y me vine de regreso a mi casa.
¿Ahí vinieron los problemas por la inyección mal puesta?
Sí, tuve fuertes dolores. No sentía mis piernas, no podía moverme. Regresamos al hospital y me tuvieron hospitalizada dos días más. Me pusieron una bomba de calmantes para soportar los dolores, me hicieron una cirugía que se conoce como parche de sangre para solucionar la lesión.
Después de esta terrible experiencia, Martina está con ustedes de lo más feliz…
La niña está impecable, súper sanita.
Y lo mejor es que ni se acuerda de lo sucedido…
Ja,ja,ja Claro. Fue muy fuerte el terremoto, por mucho tiempo quedé muy asustada. No quería volver al hospital. Toda la gente nerviosa con lo sucedido.

Lecciones

Ahora se cumple un año del megasismo, pero también Martina estará de cumpleaños.
Sus padres analizan con más calma la situación. Sin duda hay lecciones que aprender.
David Neira, dice que “cada cierto tiempo deben recordarnos que somos un país sísmico. Lo ocurrido esa noche demuestra que no estábamos preparados. Aquí en Algarrobo, la gente salió en sus autos tratando de irse de la ciudad. Muchos vieron que no podían avanzar y simplemente dejaron los vehículos en la calle. Nadie sabía qué hacer. Todo colapsó”.
¿Qué les dejó en claro lo sucedido justo durante el nacimiento de Martina?
Que debe haber un plan para estas situaciones. En el hospital uno no podía preguntar mucho, porque todos estaban en sus cosas. Yendo de un lado para otro. Se apagaba la luz a cada rato, había vidrios por todos lados. Cuando nos dijeron que había una alerta de tsunami, no sabíamos qué hacer. Fue una locura. Nadie te decía nada. Ojalá que eso se mejore para no volver a pasar por lo mismo.
Mientras el país recuerde un año del terremoto, la familia de Susana y David festejarán junto a Isidora el primer cumpleaños de Martina “Terremotito”. Recordarán lo vivido y una vez más darán gracias por estar juntos, pero las lecciones tendrán que ser aprendidas.

lunes, 30 de agosto de 2010

San Antonio se levanta tras el terremoto

Si bien nuestra ciudad ha avanzado bastante, aún quedan temas pendientes por resolver y que de una u otra forma recuerdan la tragedia y los dramas desencadenados por la naturaleza

Danilo Rojas Barahona es una persona multifacética. Contador de profesión, concejal de la Municipalidad de San Antonio, dirigente rotario, representante de instituciones deportivas, bombero, buzo del Grupo de Rescate Anfibio de San Sebastián, entre otros.
Aquel 27 de febrero se despertó sobresaltado por el terremoto. Se preocupó por su señora y su hija, pero acto seguido se puso a disposición de las autoridades y entidades de emergencia para coordinar la ayuda; entre las que se encontraba el alcalde Omar Vera, el prefecto de Carabineros, el director de la Escuela de Ingenieros, representantes de la Armada, Gendarmería y Bomberos. Ahí se determinaron los primeros pasos a seguir para enfrentar la complicada situación que se estaba viviendo esa madrugada.
“A las 8 de la mañana nos constituimos como comité de emergencia. Estaba en eso, con las demás autoridades, cuando recibimos el llamado de comandancia que nos alertaba sobre la emergencia que se estaba viviendo en el sector de los Ojos de Mar. Cuando llegué el panorama era terrible, desolador; el mar había subido mucho, sólo había destrucción y gente pidiendo ayuda. No había camino, todo era una sola gran laguna. Me puse a las órdenes del capitán de bomberos y me dijo que me equipara. Luego llegaron efectivos de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes y de inmediato, nos dedicamos a  la búsqueda de sobrevivientes. Todo esto a las 5 AM”, cuenta.
El tsunami había arrasado con las 250 cabañas del sector, muchas de las cuales estaban habitadas por personas que no habían alcanzado a salir tras el terremoto. “Entré a una casa y habían dos mujeres de edad, fueron las primeras que rescatamos. Había muchos escombros, vidrios, clavos, fierros, todo debía hacerse con enorme cuidado. Posteriormente vi una silueta de un hombre que gritaba por ayuda sobre el techo de una cabaña. Me acerqué, le dije que se calmara, que lo iba a sacar de ahí, pero que tratara de controlarse. Cuando estuve a su lado lo saqué y lo llevé al bote inflable. En ese momento me dijo que no había podido rescatar a su señora, la que se había ahogado y quedado al interior del auto que permanecía en el fondo de la laguna”.
“Hasta el día de hoy mantengo comunicación don Rosendo Villamil –que fue a quien rescaté-, me llama y me pregunta como estoy”, señala.
Hoy tras seis meses de la tragedia, Danilo Rojas no lo duda, esta ha sido una de las experiencias más fuertes que le ha tocado vivir.
En los días posteriores, junto a personal de la Armada, le correspondería rescatar a las otras cuatro víctimas que se registraron en el lugar.
Mientras recuerda la labor cumplida en aquella jornada, el concejal Rojas hace una crítica atendible. “Resulta lógico agradecer la labor cumplida por los buzos del Grupo de Rescate Anfibio de San Sebastián, ellos actuaron de inmediato, prestaron colaboración sin pedir nada a cambio, puesto que esta es un trabajo de ayuda a la comunidad. Sin ir más lejos, esta semana algunos de sus integrantes encabezados por Juan Carlos Salazar, se trasladaron en la barcaza Chacabuco hasta la isla de Juan Fernández para ayudar a limpiar la bahía de los escombros originados por el tsumani que afectó la zona. Allá se encontraron con una bandera chilena en el fondo del mar, se tomaron una foto y la trajeron de vuelta a San Antonio. Todo un símbolo que demuestra el esfuerzo de estas personas. Hay un compromiso del alcalde por reconocer la ayuda que entregaron tras la tragedia del 27 de febrero. Así es que so aún está pendiente”.
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