martes, 11 de enero de 2011

Amplia labor de Coaniquem en la provincia: La ayuda no puede esperar


Llega el verano y el fin de año, dos épocas propicias para que los menores se arriesguen a sufrir una quemadura, por fuegos artificiales o por el sol

 
Actualmente un promedio de 670 pesos mensuales es el aporte que realizan los cooperadores voluntarios de la provincia de San Antonio a la Corporación Nacional de Ayuda al Niño Quemado.
Basta pensar que con esas cifras es muy poco lo que se puede financiar si se considera el alto costo de los tratamientos que reciben los menores que, lamentablemente, han sufrido algún accidente que les haya dejado secuelas en su piel.
Aún así la labor de Coaniquem no cesa durante todo el año; es más, en esta época se intensifica ante la tendencia de grandes y chicos de utilizar fuegos artificiales, lo que está probado que con un mal uso, son potenciales fuentes de riesgo para los niños.
Ahora, si se pueden evitar, tanto mejor.
De ahí la preocupación de Pilar Llugany, jefa regional de la entidad, quien manifestó la necesidad de no cesar en el esfuerzo por brindar todo para que los pequeños salgan adelante sin secuelas en su vida futura de adultos.
“El promedio de dinero que nos dan nuestros socios cooperadores es de 670 pesos  mensuales, cifra muy inferior a lo que se necesita, pues los tratamientos de estos niños son carísimos y no están cubiertos por ningún sistema de salud, pues al ser rehabilitación de piel, se considera cirugía plástica”, señala.
¿Cuántos niños son atendidos por la institución en la provincia de San Antonio?
En la provincia de San Antonio, tenemos en rehabilitación a 81 niños quemados en estos momentos. San Antonio 51, Algarrobo 3, Cartagena  4, El Quisco 11, El Tabo 2, San Esteban 8 y Santo Domingo 2.
¿Cuál es la tendencia de los casos de menores quemados?
El 93 por ciento de los menores se quema antes de los 3 años de edad, y hay que tratarlos, estirarlos y/o injertarlos cada 6 meses, luego cada año; y as, hasta que dejan de crecer, pues la piel quemada o injertada no crece a la misma velocidad que los niños.
La labor de Coaniquem no sólo es brindarles el apoyo médico a los niños y a sus padres…
Exactamente, nosotros los atendemos gratuitamente, tenemos gratuidad en los pasajes para que no falten a sus terapias y tratamientos, escuela intrahospitalaria para que no se atrasen en los estudios, una Casabierta (hotel) para la madre que los acompaña a sus operaciones o tratamientos, etc.
El trabajo no se detiene…
De hecho con el terremoto aumentó en un 11% el número de quemados, pues la gente vivía con mucho frío en las mediaguas, usaba guateros, líquidos más calientes, etc.
Pero ahora, empieza el problema de fuegos artificiales, las parrillas que los niños pasan corriendo y se queman, especialmente si usan parkas. Las chispas de los fuegos de los asados, las cenizas que están calientes por muchas horas y pareciera que están apagadas, las fogatas de los picnic y el sol, que daba día está más fuerte.
En verano las quemaduras por sol, sobretodo en niños, en la zona de las orejas descubiertas, cara, etc. Luego los niños quemados en los pies cuando van de paseo o picnic, y una familia anterior hizo fuego y solamente lo tapó con arena o tierra. Los niños pasan corriendo a pie pelado y se queman terriblemente. Los quemados con las motos en las playas, los papás los suben a andar en moto con puro traje de baño y tocan el tubo de escape caliente con la pierna. Eso ha sido algo recurrente en el último tiempo
Ahora, hay que tener la debida precaución con los árboles de Navidad y los consiguientes alargadores eléctricos. Además de las velas navideñas. Y un largo etc.
¿Aumenta todo el trabajo entonces?
No es que aumente, se mantienen igual, sólo que por diferentes agentes.

Campaña de tarjetas

Como ha sido tradicional en el último tiempo, Coaniquem realiza su campaña de venta de tarjetas navideñas, por medio de las cuales recauda recursos económicos para enfrentar su ayuda.
Pilae Llugany señala que “no ha bajado la costumbre de enviar tarjetas de Navidad. La gente ya se aburrió de que el Viejo Pascuero esté cantando en todas las oficinas a toda hora y ya casi no las abren, por eso se ha vuelto a las tarjetas físicas. Tenemos venta en la calle y unas grandes para empresas, cuadradas  de 16 x 16 cms, que se pueden reimprimir con logo, pie de firma, frases especiales, etc”.

viernes, 1 de octubre de 2010

La empanada y la cumbia reinan en el 18

Si bien las Fiestas Patrias rescata lo mejor de los nuestro, al momento de consultar a los sanantoninos, éstos estiman que la empanada reinará en las mesas, mientras que la cumbia será la que mande en las fondas y ramadas.

La fiesta nacional se está armando desde principios de septiembre, las fondas y ramadas toman forma en el sector el estadio municipal y todos ya estamos sacando las cuentas de lo que podemos gastar el próximo fin de semana largo.
Y con cuatro días… uf, no quiero ni imaginármelo.
Vamos sacando cuentas, carne para el asado, algo para tomar, sus buenas empanadas, las longanizas para los choripanes, la música folclórica, un sinfín de necesidades.
Pero poniéndonos un poco más profundos, surge de inmediato la pregunta ¿de eso se trata la chilenidad?
¿De reunirnos en torno a un asado?
En una reciente encuesta on line de nuestro diario, los lectores nos dieron algunas luces respecto de cómo visualizan la celebración de este próximo Bicentenario.
Ante la pregunta ¿Qué representa mejor nuestra chilenidad? Lejos las mayores preferencias se las lleva la cueca por sobre la empanadas y juegos tradicionales como el rodeo, el trompo y el mote con huesillos.
Respecto de ¿Qué se bailará más en las fondas y ramadas este año?, las respuestas están divididas, pero en punta está la opción de la cumbia, relegando a instancias posteriores a cueca y rancheras.
La tercera pregunta fue ¿Cómo celebrará el Bicentenario? Y el mayor porcentaje lo obtuvo la respuesta de En casa con los amigos; seguido de en las fondas y ramadas.
En tanto que ante la pregunta de si se endeudará demás para este Bicentenario, el 62% aseveró que sí gastará más dinero de lo que tendrá presupuestado; así es que más les vale que se vayan preparando para sacar los cocodrilos.
¿Dónde se pasa mejor las Fiestas Patrias? Fue la quinta interrogante. La mayoría se inclinó por la opción San Antonio, pero también hay votos positivos para Valparaíso y Santiago. Además, surgió la posibilidad de destacar otro lugar y los encuestados opinaron que además se pasa bien en Lo Abarca, Algarrobo, Cartagena, el sur de Chile, Concepción; e incluso en el extranjero porque se vibra más y es muy emotivo y lindo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

“La escuela tiene una razón de ser y estar en San Antonio”

Coronel Luis Farías Gallardo, director del recinto de Ingenieros Militares de Tejas Verdes destacó la cercanía de la comunidad con la institución, la que se acrecentó con el trabajo realizado por los uniformados tras el terremoto del 27 de febrero

27 de febrero de madrugada, la tierra tembló, San Antonio se estremeció y muchas personas pagaron las consecuencias.
En medio de la vorágine de las informaciones y de las acciones que se prodigaron esa madrugada, el comandante de la Escuela de Ingenieros Militares, coronel Luis Farías Gallardo se esmeraba en coordinar las acciones de ayuda tanto en el establecimiento que dirige como hacia la comunidad sanantonina que había sentido la fuerza de la naturaleza.
Hasta el recinto de Tejas Verdes llegaron las informaciones respecto de una inundación que habría ocurrido en el sector de Llo Lleo. Posteriormente se confirmaría que lo que allí había ocurrido era algo mucho más grave, incluso cobrando la vida de varias personas.
Pero como representante del Ejército, el coronel Farías actuó de inmediato para hacer frente a la situación en contacto con las autoridades que se esmeraban en buscar soluciones ante la emergencia.
 “Estuve presente muy temprano en esas labores, coordinando acciones. Tuvimos personal desde las primeras horas en los Ojos de Mar. Hay testimonios de personas que ayudaron a quienes estaban en peligro. No se pudo sacar a todos, la situación fue muy rápida e imprevista, pero nuestra gente ayudó varios días en ese lugar. En el puente Lo Gallardo hacia Santo Domingo apoyamos a las autoridades, se instaló un mecano y reactivamos la comunicación de inmediato”, aseveró.
Hoy tras 5 meses de lo ocurrido y que es ampliamente conocido por la comunidad, el alto oficial analiza el hecho desde la perspectiva del sentimiento de cercanía que el Ejército sintió como organización, en todas las zonas afectadas por el sismo.
“Esta gran tragedia que afectó al país y a San Antonio nos dio la oportunidad de fortalecer los lazos de confianza entre el Ejército y la ciudadanía, algo que por lo demás ya existe. Nuestra institución está dedicada primero que todo a  la defensa, mantener una fuerza disuasiva sólida y cohesionada, pero junto ello debemos tener las capacidades necesarias para apoyar a la comunidad cuando ésta lo necesita. No podíamos perder la oportunidad de emplear los recursos que tenemos cuando hay situaciones complicadas como fue el sismo y  maremoto de febrero pasado. Hicimos todo lo posible -como escuela de ingenieros- por ayudar a las personas donde se necesitaba”, indicó el alto oficial.
Indicó además que “Se desplegó nuestra gente y debimos enviar más del 50% de nuestro personal al sur del país, soldados con mucho espíritu. Algunos se emocionaron hasta las lágrimas recordando los momentos vividos. Eso significa que el soldado tomó con mucha pasión esta ayuda”.
Y esa labor aún se mantiene; de hecho, en el sur -específicamente en la zona de Tubul, VIII Región- se encuentran desplegados unos 120  efectivos de la escuela atendiendo las necesidades de la comunidad a través de un puente sobre pontones instalado en la río de la zona.
En Tubul - un pequeño pueblo de unos 4 mil habitantes dedicados en su mayoría a la pesca de mariscos y cultivos de algas- el tsunami provocado por el terremoto se tragó al menos la mitad de las casas. Los pobladores debieron abandonar para siempre el lugar donde muchos de ellos nacieron y vivieron porque ahí ya no estaba en condiciones habitables.
El puente instalado por los militares permitió la comunicación con el sector que hasta ese instante permanecía aislado.
¿Ya en el plano local, cómo ve la experiencia como director de la Escuela de Ingenieros Militares, en estos 9 meses de gestión?
La escuela siguen bien posicionada en San Antonio, tiene un razón de ser, estar, existir y de futuro.
¿En algún momento se planteó la posibilidad de traslado?
Ha habido comentarios respecto de que se pudiera mover, como ha sucedido con otras unidades en diversas partes del país; de pronto existe esa inquietud. Desconozco que haya una acción concreta en ese sentido; por lo tanto, mi posición es que la escuela está bien acá, estamos mejorando la infraestructura, pues con el terremoto nos vimos afectados. Estamos bien y para mí, la experiencia ha sido positiva.
Yo he desarrollado gran parte de mi carrera acá, estuve como teniente dos años, fui capitán 6 años, como mayor también estuve destinado y ahora soy el director de la escuela; por lo tanto, somos viejos conocidos con la provincia y ha sido muy grato el trabajo desarrollado.

Manuel Gutiérrez Román, gruero: Testigo de la historia del puerto

En su trabajo debió lidiar con diversas faenas en el principal terminal marítimo del país. Por sus manos pasaron las grúas que descargaron la historia de nuestra ciudad. Hoy se encuentra con un panorama muy distinto del que conoció, pero más acorde con los tiempos actuales

Manuel Gutiérrez Román revisa las antiguas fotografías que guarda como un tesoro en una añosa maleta que alguna vez vio mejores tiempos.
Por sus manos pasan imágenes en sepia y blanco y negro, recuerdos de al menos 40 años, cuando era joven y participaba con entusiasmo en el básquetbol del Club Deportivo Llo Lleo y hacía de las suyas en el pórtico del Río Maipo.
Estamos en su casa ubicada en la parcelación Huertos de Chile en Santo Domingo y conversamos animadamente de esos años en que fue gruero en el puerto de San Antonio, donde se forjó una vida y logró el sustento de su hogar compuesto por 4 hijas, un hijo y su señora.
Ahí mismo trabajando en turnos de noche y caminando en medio del barro y del frío se dio la idea de que sus hijos no pasaran por lo mismo. “Es que es muy duro”, dijo.
También trabajó en la mítica grúa 82, la misma que es monumento nacional y que dio las bases para el puerto que le da prestigio a nuestra ciudad.
Hoy don Manuel tiene 87 años, pero recuerda esos días como si fueran ayer, salvo algunos nombres que se le ponen escurridizos -“esta cuestión de ponerse viejo”, dice- y vuelve a rememorar. “Comencé en 1945 a trabajar en el puerto. En esos años la grúa 82 ya era vieja. Era a vapor, estaba en el atracadero y se utilizaba para sacar bultos pesados que las otras grúas no eran capaces de soportar, pues sólo podían levantar como máximo 3 toneladas. Eso sí, ahí trabajan los más veteranos. Yo comencé como fogonero, posteriormente trabajé en grúas eléctricas, pero estaba dispuesto a ir donde fuera y cuando el jefe decía, había que ir. Claro que la máquina no era como se ve hoy, era una plataforma con una caldera, el maestro trabajaba y tenía solo una respaldo donde apoyarse y evitar el fuego”.
¿Cómo era la grúa 82?
Era revieja, ja,ja. Antes era toda abierta, no tenía la caja que tiene hoy. Había que moverla con manillas y cables, teníamos que meterle mucha fuerza para moverla, no como las otras que eran eléctricas y ni pensar en las de hoy, que se mueven todas con una palanca.
¿Cuánto tiempo trabajó?
Jubilé en 1972. Fui jefe de grupo, llegué a ser jefe de las secciones Espigones y El Molo, pero mi puesto debía corresponder, en esa época, a otro tipo de personas; así que poco a poco fui quedando de lado hasta, que llegó el momento en que decidí dar un paso al costado.
En la pega estuve en la fragua, fui mecánico, electricista y pasé a practicar, a reemplazar a los maestros ganando experiencia en el manejo de las grúas. Era una época en que los marítimos trabajaban a trato, había mucho trabajo para la descarga de buques a granel. Antes se necesitaba 11 hombres por escotilla. Si un buque tenía 5 escotillas, entonces 55 hombres trabajaban en un solo buque. Hoy todo es por cinta y con mucho menos operarios.
¿Cuál era la labor más complicada?
Lo más difícil era trabajar sacando trigo y carbón. Teníamos muy poco espacio de acción. Y si uno era muy lento, los trabajadores se quejaban altiro pues trabajaban a  trato. Querían terminar rápido con los barcos, sobre todo en las horas extraordinarias.
¿Había barcos más difíciles que otros?
Sí, pero nada como el San Martín, tenía palos por todos lados y las grúas eran de pluma fija, para poder accionar había que echarse para atrás, la bandeja golpeaba a cada rato. Había que ser fino en eso.
¿Qué es lo que recuerda con más cariño de esa época?
El compañerismo que había. Teníamos nuestros problemas, pero todo se arreglaba. Incluso en momentos económicos complicado organizamos un economato para proveernos de mercaderías. Todo eso quedó en el pasado.
¿Cuando ve el puerto ahora que piensa?
Ahora no queda nada de lo que había. Por ejemplo, en el molo había cuatro bodegas de tres pisos donde se guardaba cobre y otras cosas. Además había un galpón frente al atracadero. Cuando he ido, ya no reconozco nada. Se ven barcos enormes y muy diferentes de lo que conocí.
¿Y la grúa 82?
Ahora está bonita, nada que ver como cuando se trabajaba en ella, está pintadita, tiene latones por los lados, techo; antes no era así. Lo que conserva aún son los rieles que eran los que aguantaban los pesos, pero me alegro que siga en pie.
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