martes, 6 de julio de 2010

Familia Betancourt-Córdoba: Una generación ligada a las comunicaciones

Forjador de la radiofonía en San Antonio, artista, cultor del folclor y emprendedor por sobre todas las cosas, Jorge Betancourt Carrasco ha sido la base de una familia ligada al ámbito radial en nuestra provincia

Trabajando en su escritorio en las instalaciones de radio Costanera encontramos a Jorge Betancourt Carrasco.
Y no podía ser de otra manera... pues así ha sido toda su vida. Trabajar es y será parte importante de su forma de ser, por lo que pensar que en el algún momento estaría “encerrado” en su casa, no sería realista.
Betancourt ama su trabajo, le gusta estar en control de las cosas. Se lo ve preocupado de sus cuentas, de coordinar el pago de compromisos de la radio, de tener todo en orden y bajo control.
Con sus bien llevados 78 años de edad, este llolleíno de tomo y lomo se siente agradado con lo que hace.
Es que Jorge Betancourt se califica ante todo como un emprendedor, como un hombre de trabajo que ha sabido salir adelante con mucho esfuerzo.
Gerente de empresas navieras, ejecutivo de un banco, director y formador de radios, jefe de una empresa de la construcción son sólo algunas de las facetas que ha realizado a lo largo de su vida.
Eso no es todo, tiene una parte muy cercana y que ha sido motivo de orgullo: ha sido artista y un ferviente cultor de nuestro folclor nacional.
Por si fuera poco, anote: tangómano a la vena y gardeliano, por excelencia.
Sería iluso pensar que en estas páginas se podría plasmar toda la vida de una persona que vaya que ha hecho cosas.
Más aún cuando Betancourt se entusiasma hablando del antiguo San Antonio, cuando la radio Sargento Aldea organizaba concursos por los años 50 en búsqueda de talentos artísticos; o cuando por sus estudios pasaban monstruos de la canción popular con un arraigo que hoy no se creería.
Nombres de personas, de grupos, de locutores, de trabajadores, cifras, fechas y un largo etc. salen con fluidez de la boca de Betancourt. Recuerda como si fuera hoy cuando causaba sensación con el trío “Los Romanceros de Chile” en nuestro país y en Argentina.
Rememora con claridad cuando llegó al restorán de la Elvirita en Puertecito y se sobrecogió al escuchar los acordes y voces de “Los Ases del Caribe” con los Hermanos Fidel y Ulises Alvarez junto a la inigualable presencia de Rosamel Araya, un grande entre los grandes.
Hoy en su oficina de calle Presidente Pérez las paredes tienen galvanos en reconocimiento a una amplia labor, los escritorios tienen recuerdos de grandes jornadas ligadas a la radiodifusión y al folclor.
Mientras el teléfono suena, Betancourt revisa algunas cuentas, firma documentos y sigue recordando… casi sin parar.
Y así ha sido por lo menos los últimos 50 años.
Con ese ritmo y esas ganas, ¿quién podría parar?

Recuerdos artísticos

“Donde está la estación de servicio Shell en Barros Luco había un galpón que la radio Sargento Aldea utilizaba para hacer un show en le que se presentaban nuevos talentos. Un 13 de abril de 1950 asistí como cualquier sanantonino a ver el espectáculo de “El Rancho Musical”, cuando el locutor dio la posibilidad a cualquiera de presentarse en público. Yo me atreví, canté y me gané el premio principal: doce maltas, las que estaban muy moda por aquellos años. Desde ahí se me fue desarrollando la veta artística que nunca más dejé”, cuenta Jorge Betancourt.
“Yo me tomé muy en serio esto de la música, traté de ser lo más profesional posible considerando lo que se podía hacer en San Antonio. Comencé como solista en 1952 cantando folclor, tangos, valcesitos, etc. Con Demetrio Danus y Camilo Zúñiga formamos “Los Mensajeros de Chile” para en octubre de 1957 ir a Mendoza por 15 días, pero estuvimos 3 meses actuando en los principales locales y radios de la ciudad de la mano de Carlos Mombruno Campos. Ellos eran los mejores en guitarra y arpa, con orgullo digo que no se ha visto algo similar a ese grupo aquí en San Antonio. Luego formé  “Los Romanceros de Chile” con Orlando Beiza. Hicimos presentaciones en todo el país durante 25 años. Desde 1960 me dediqué plenamente a la parte artística; entre otras cosas con “Los Playeros”. Siempre tuve tiempo para hacer otras cosas. En eso conté con el apoyo incondicional de mi señora Berta Inés Córdoba Vargas, más conocida cariñosamente como la “Mami Nena”, dijo.

miércoles, 30 de junio de 2010

Infante en acción





El trabajo en Haití

¿Qué labores cumples ahora?
Nuestra misión principal acá en Haití es brindar seguridad a la población civil, a los miembros e instalaciones de las Naciones Unidas y de las ONG. Esto se ha cumplido a cabalidad. Ahora no se ve tanta delincuencia como me tocó vivir el año 2006 que fue cuando estuve acá por primera vez.
Realizamos patrullajes día y noche, ya sea a pie, en vehículos o en helicópteros; también estamos en los check point en distintos sectores de la ciudad para comprobar que la gente no porte armamento.  Esto es algo muy común y con esto del terremoto, se ha incrementado. Debido a la gran cantidad de  ayuda que ha llegado de distintas partes del mundo custodiamos los convoyes a distintos pueblos de Haití.
¿Se mantiene la ayuda a la población civil?
Llevamos ayuda sanitaria y alimentos a hogares de menores y a hogares de ancianos. A los colegios se entrega alimentos y útiles escolares. Estos casi 5 meses que voy a cumplir en la ciudad de Cap-Haitien (la segunda ciudad más grande después de Puerto Príncipe), se ha pasado rápido con tanto trabajo, las patrullas no paran, noche y día.
¿Qué valoras más al estar en un lugar donde no se cuenta con las condiciones mínimas de vida de la población?
La experiencia personal que uno obtiene acá, es aprender a valorar todo lo que uno tiene, partiendo por la familia, los amigos y hasta un simple vaso de agua, aunque parezca raro. Acá es mucha la pobreza y algo tan normal para nosotros como abrir una llave y obtener agua potable acá no es así, y muchas cosas más, la electricidad, la ropa, la educación, la salud, etc.
¿Y en lo profesional?
En esa área se adquiere mucha experiencia, ya que acá se practica  todo lo aprendido en la institución, la parte táctica y también la técnica, ya que muchas veces realizamos inserciones helitransportadas a poblados muy alejados y es mi responsabilidad poder tener enlace de comunicaciones con el cuartel, con un equipo de radio HF.
¿Ha disminuido la violencia?
Sí, ha disminuido mucho, pero siempre quedan por ahí unos rezagados a los cuales hay que siempre tener controlados, pero con respecto al 2006, es mucho menor ya que producto de la presencia de las tropas chilenas en Haití la delincuencia, el narcotráfico y el porte ilegal de armas ha descendido. Eso lo agradece el pueblo haitiano, brindándole el apoyo a los cascos azules.
¿Cómo es la relación hasta ahora con la población civil?
Los niños y los adultos son bastante curiosos, uno donde va se llena de gente mirándonos y muchos se acercan a pedirnos comida o agua. Eso sí, la mayoría de los adultos no se deja fotografiar, al contrario de los niños, ya que una vez tomada la foto uno se la muestra en la cámara y quedan muy contentos.
¿Y con las demás ramas de las Fuerzas Armadas?
La relación con las otras instituciones de las Fuerzas Armadas chilenas es buenísima, ya que la mayoría de las patrullas nos toca realizarlas juntos, pues en el cuartel donde estoy hay asignado personal de Ejército (conductores) y cuando uno va a una inserción helitransportada los pilotos son de la FACh.
¿Y con lo de los otros países?
Con ellos también es buenísima la relación ya que por nuestro profesionalismo, nos tienen bien considerados como país. Por lo general, se comparte más con los que hablan español y portugués como brasileños, argentinos, ecuatorianos, uruguayos, colombianos. En esta misión hay militares de muchos países como Canadá, Sri Lanka, Nepal, etc. pero con ellos, por el idioma, es poco lo que se puede interactuar.
Con respecto a qué opinan de la Infantería de Marina chilena, me siento muy orgulloso de poder pertenecer a esta institución ya que el prestigio que tenemos es muy bueno. Creo que somos más conocidos en el extranjero que en Chile, ya sea por nuestros antepasados como también por el profesionalismo y marcialidad que demostramos en esta misión y también por los intercambios que se realizan con otros países en donde siempre tratamos de dejar nuestra bandera bien alta y nuestro anclote muy bien puesto. (anclote es nuestra piocha que nos caracteriza como infantes de marina).

La familia

¿Cómo has sobrellevado la lejanía de tus seres queridos?
Ese es un punto importantísimo en esta misión, ya que se echa mucho de menos a la familia y amigos. En especial mi caso que me tocó partir el 5 de enero cuando mi primer hijo tenía solamente 9 días de nacido, así es que aprovecho la oportunidad para reconocer el esfuerzo adicional que ha tenido que realizar mi esposa Carolina para sacar adelante a mi hijo José Ignacio, haciendo el papel de padre y madre, y como si fuera poco pasando el terremoto del 27 de febrero sola en nuestra casa. Esos son los momentos en que uno como esposo debiera estar con su familia, pero Dios sabe que es por una buena obra y para ayudar al pueblo haitiano.
También agradezco a mis padres, hermanos y amigos, que han apoyado mucho a mi esposa y siempre están pendientes de ellos. Eso se le agradece mucho ya que para uno que está lejos y no puede hacer nada en casos fortuitos, eso es muy importante. Si todo sigue normal estaría regresando a chile a mediados de julio.

José Alejandro Alvarez Farías, infante sanantonino en Haití: “Aquí uno aprende a valorar lo que tiene”

En medio de una nación que sufre por la falta de condiciones básicas para la población y la destrucción de un terremoto que dejó al menos 200 mil muertos, un sanantonino cumple una labor fundamental como parte de la misión de los cascos azules


Se vivía el 12 de enero de este año en Haití cuando a eso de las 16.53 un violento sismo remeció amplios sectores del país caribeño, que sumido en una profunda crisis institucional y social, recibe permanente ayuda de la comunidad internacional.
El terremoto sólo vino a oscurecer más el panorama en el país más pobre de Latinoamérica que lucha por salir adelante, pese a todas sus dificultades.
Si nosotros vivimos un sismo en nuestro país donde aún se sienten las repercusiones, no cuesta mucho imaginarse cómo es el panorama en un lugar donde la gente no tiene las condiciones básicas de alimentación y recursos.
El terremoto de Haití fue el más fuerte registrado en la zona desde 1770 y sus efectos fueron devastadores: casi 200 mil muertos, 250 mil heridos y un millón de personas sin hogar.
Haití es el país más pobre de América, caracterizado por tener cerca del 80% de su población por debajo de la línea de pobreza (el 54% viven en la pobreza extrema), una economía de subsistencia, es decir, viven prácticamente para alimentarse; las remesas recibidas de migrantes representan el 40% de su PIB beneficiando a poco más de 900 mil familias.
En medio de este panorama, se encuentra el sanantonino José Alejandro Alvarez Farías, quien como infante de marina, forma parte de las fuerzas chilenas de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití.
Nacido y criado en San Antonio, José es el segundo de los cuatro hijos del matrimonio Víctor Alvarez Vera y María Teresa Farías Silva, quienes viven en Llo Lleo alto.
“Mi hermano mayor Víctor trabaja en Melipilla y mis hermanas menores estudian en Viña del Mar y Valparaíso, a todos ellos los quiero mucho. Somos una familia muy unida por lo que tratamos de estar todos los fines de semana juntos y compartir unos ricos mariscos y pescados del puerto. Realicé mi enseñanza básica en el colegio Fernández León de donde tengo muy lindos recuerdos y amigos. La enseñanza media en la Escuela Industrial en donde escogí la especialidad de Electrónica la cual me ha ayudado mucho en mi carrera profesional ya que dentro de la Infantería de Marina, me especialicé en telecomunicaciones, la cual es vital para el cumplimiento de las misiones, ya que sin comunicaciones es poco lo que se puede hacer”, cuenta.
Con entusiasmo recuerda su paso por el Club Deportivo Torino, en el cual alcanzó a jugar hasta en la serie Juvenil. “Después por motivos de traslado a Talcahuano no pude ir mas a disfrutar de algo que me gusta mucho que es el fútbol y también Colo Colo que lo trato de seguir por la señal internacional de TV”, señala.
En la isla caribeña ha sido testigo de primera mano de los esfuerzos de su gente por surgir, así de las labores que cumplen los militares chilenos para la conservación de la paz.
“En estos momentos estamos con muchísimo trabajo, pues tras las labores de reconstrucción del devastador terremoto se viene la temporada de huracanes. Aunque el sismo de acá fue de menor intensidad que el de Chile, las consecuencias fueron mucho más negativas. Por las deficientes condiciones de las construcciones se produjeron muchas más muertes y pérdidas materiales”.
¿Cómo es la vida allá para ustedes?
Buena. Por ejemplo, la alimentación nos reaprovisionan desde Estados Unidos y nuestros cocineros son los encargados de hacernos sentir como en casa, cocinando las mismas cosas que se comen en Chile: Almorzamos pastel de choclo, eso sí con choclo congelado, pero más no se puede pedir. También los infaltables porotos y lo que no puede faltar los días jueves, la cazuela y la empanada de pino como tradición naval.
¿Y en el día a día?
Muchas veces he tenido que recurrir al jugo de coco, ya que acá la temperatura es muy elevada y con el agua que llevamos del cuartel no nos alcanza para terminar la patrulla. Las temperaturas muchas veces alcanzan los 40°  y si le sumas todo el equipamiento que debemos llevar,  el desgaste es mucho y se produce deshidratación.
Lo que acá es muy común y que toda la gente anda comiendo en las calles es la caña de azúcar, que vale 5 gurdas la caña (100 pesos chilenos aprox.)

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